Reflexiones sobre el crédito |
Departamento
de Renta Fija
Después
de un 2008 que la mayor parte de los inversores de crédito
preferirían olvidar, parece que la renta fija
de elevada calidad “investment grade” está
disfrutando de su particular momento de gloria. De hecho,
el mercado ha digerido sin problemas la frenética
actividad del primario, y aunque la del secundario se
mantiene débil, parece que los flujos de cash,
que en muchos casos, proceden de la bolsa, están
ayudando a que algunas de las nuevas emisiones experimenten
rallies en un corto espacio de tiempo (algunas se han
estrechando hasta 50 p.b. en tan solo tres semanas).
Este movimiento gana aún más relevancia
si tenemos en cuenta que se produce en un entorno macroeconómico
cada vez más deteriorado y con los índices
de bolsa cercanos a mínimos. En mi opinión,
este movimiento no será efímero y atiende
a un síntoma inequívoco de que la crisis
ha entrado ya en una nueva fase, en la que el crédito
gana valor como activo frente a la deuda pública,
indiscutible ganadora desde el inicio de la crisis.
La renta variable como “asset class” tendrá
que esperar hasta que esta nueva fase del ciclo se consolide.
Las razones en las que pivotan las positivas perspectivas
de la renta fija privada “high grade” frente
al resto de activos se asientan en las siguientes convicciones.
Corporate
frente a deuda pública
Las TIRs asociadas a la deuda pública están
perdiendo atractivo, especialmente en el tramo corto
de la curva, con rentabilidades que oscilan desde el
1,02% de la letra a tres meses hasta el 1,48% del bono
a dos años español. Y, aunque la deuda
pública a medio y largo plazo tiene todavía
algo de recorrido, las plusvalías acumuladas
durante el pasado año (el 30 años se revalorizó
cerca un 20% durante 2008) alienta a muchos inversores
a realizar beneficios o al menos a mantener una política
de compras prudente, esperando que al menos se consoliden
los niveles actuales. Asimismo la rapidez del deterioro
de las cuentas gubernamentales actúa como una
espada de Damocles para los inversores que prefieren
concentrase en la zona del 2-3 años hasta que
la tormenta escampe. En cualquier caso, lo que es indudable,
independientemente de las características de
los diferentes planes de rescate gubernamentales, es
que se está produciendo una transferencia de
riesgo desde el sector financiero al riesgo soberano.
El coste final de los rescates gubernamentales supone
una incógnita que necesariamente deberá
traducirse en forma de mayores primas de riesgo (y por
tanto, mayores costes de financiación para el
sector público), tanto mayor cuanto mayor sea
su peso sobre el PIB. No hay que olvidar que a los costes
previstos en forma de inyecciones de capital y compra
de activos, podrían añadirse adicionalmente
los derivados del default de alguna entidad financiera
como consecuencia de avales ejecutados por los inversores
sobre bonos y depósitos garantizados por los
estados. La situación irlandesa constituye un
buen ejemplo de lo rápido que actúan los
mecanismos de transmisión del riesgo desde el
sector privado al sector público. La semana pasada
los spread de sus CDS vivieron una situación
de minipánico ampliando en cerca de 70 p.b.,
hasta niveles de 376 p.b. después del anuncio
de nuevas demandas de capital en los bancos Allied Irish
Bank y Bank of Ireland destinadas a estabilizar su sistema
financiero. Cuanto mayor sea la intervención
de los gobiernos mayor será el coste exigido
por el mercado para su financiación. No debe
pasar desapercibido que los niveles de riesgo que se
están exigiendo a países como Irlanda
(AAA /*- // Aaa) son los mismos que los exigidos a países
como Brasil (Ba1s // BBB-). Irlanda cotizada con 30
p.b. de spread antes de la quiebra de Lehman.
Corporate
frente a Equito
Las entidades no financieras están aumentado
de forma involuntaria su dependencia del mercado de
capitales, siendo los niveles de spread de las nuevas
emisiones del mercado primario un buen termómetro
de los costes que ello implica. Las empresas están
chocando contra las dificultades de financiación
de los bancos que se ven obligados a limitar la renovación
de muchos créditos, especialmente aquellos sindicados
que, tanto por volumen como por número de actores
implicados, ven muy cercenadas sus posibilidades de
éxito. En el mejor de los casos, la banca transfiere
sus costes de financiación hacia los nuevos créditos
y, dada la dificultad para obtener recursos a largo
plazo, se busca limitar los empréstitos en duración
y tamaño. Por todo ello, las empresas se ven
obligadas a redirigir sus vías de financiación
hacia el mercado de capitales tanto más cuanto
mayor sean las necesidades de recursos a medio y largo
plazo.
Por
tanto, el mercado de capitales se está erigiendo
para muchas entidades corporativas como la vía
necesaria y, en muchos casos única, para obtener
funding. Sin embargo, el mercado exige costes punitivos.
La liquidez es el rey indiscutible y a su prima de riesgo
intrínseco, medida por las cotizaciones de sus
derivados de crédito, deben sumar los spreads
de sus curvas de contado (es lo que se llama bases negativas).
Un buen ejemplo fue la emisión de GDF Suez (semiestatal
y perteneciente a un sector defensivo) que emitió
bonos a 5 y 10 años con un spread de 2% y 2,4%
respectivamente, lo que implicaban un sobrecoste de
contado superior a 120 p.b. y 155 p.b. respecto al nivel
marcado por sus spread intrínseco asociado a
su CDS. La elevada dependencia del mercado de capitales
obligará a las entidades a ejecutar políticas
dirigidas a remunerar adecuadamente al bonista frente
al accionista. El compromiso con el mantenimiento del
rating será alto. Las entidades deben encarar
una perspectiva económica en continuo deterioro
y asumir unas condiciones de refinanciación prohibitivas,
por lo que tratarán de preservar la liquidez
por encima de todo. Esto se traducirá en recortes
de capex, eliminación de los programas de recompra
de acciones, y por supuesto, limitación de la
actividad M&A. El resultado final es una fuerte
y progresiva compresión de márgenes y
beneficios que pesará como una losa sobre las
cotizaciones de las acciones. La explosión de
la burbuja tecnológica puede ser una hoja de
ruta útil para extraer lecciones prácticas
que nos ayuden a encarar con éxito la actual
coyuntural. En la primera fase del ciclo tanto los bonos
como las acciones de telecomunicaciones y tecnológicas
pagaron el exceso de inversión en actividades
improductivas con fuertes recortes en precio, y bruscas
ampliaciones de spread. Cuando los graves problemas
de financiación comenzaron a amenazar su solvencia,
el compromiso con la liquidez fue total. Se desapalancaron
los balances para ajustar la rentabilidad de los proyectos
a los altos costes de financiación, lo que se
tradujo en fuertes recortes de capex. La distribución
de dividendos se limitó y la generación
de flujos de caja libre se convirtió en el nexo
común sobre el cual pivotaron todas las estrategias.
El compromiso con el mantenimiento del rating fue total,
lo que se tradujo en fuertes estrechamientos de spread.
Durante este proceso de desapalancamiento, el equity
siguió cayendo y tras un notable rebote desde
mínimos, se mantuvo muy contenido, y tardó
al menos un par de años en tomar el relevo al
crédito. En cuanto al sector financiero, los
requisitos para acceder a los planes de ayuda gubernamental
incluirán nuevos requerimientos para asegurarse
que los fondos recibidos por los bancos van destinados
en primera instancia a mejorar los niveles de solvencia.
Se están poniendo limitaciones al reparto de
dividendos, a la recompra de acciones, a las remuneraciones
de los directivos. Al margen de todo ello, son las inyecciones
de capital el efecto más perverso para el accionista
ordinario, que ve como las necesidades de capital del
sector se traduce en un importante efecto dilución
sobre su participación. En las condiciones actuales
la inversión en renta variable bancaria puede
convertirse en un juego muy arriesgado en dónde
el par rentabilidad-riesgo no resulta atractivo.
Investment
grade frente a high yield
Los niveles de spread actuales actúan en forma
de protección frente a posibles defaults. Inexorablemente,
las tasas de default incrementarán significativamente
a lo largo de 2009 pero no hasta los niveles que actualmente
están descontando los spreads. El índice
main (investment grades) con un nivel de spread 156
p.b. muestran una tasa de default implícita del
2,57% para final del 2009 (utilizando una tasa de recuperación
del 40%). Por otro lado, el índice crossover
(referencia del high yield) en niveles de 1.075 p.b.
indica ya una tasa de default por encima del 16% para
los próximos doce meses. Tomando como referencia
el período de la Gran Depresión, las tasas
de default de grado especulativo incrementaron en 1930
desde niveles por debajo del 2% hasta el 15% (en tan
sólo un par de años). Curiosamente las
tasas de default grado inversión se mantuvieron
contenidas durante los años siguientes, haciendo
pico en 1938 llegando a niveles de hasta el 1,5% coincidiendo
con la recuperación del high yield. Bajo este
prisma, la renta fija grado inversión ofrece
mucho valor en esta fase del ciclo frente a la especulativa.
Las grandes compañías mantienen una posición
de liquidez más adecuada, con acceso al mercado
de capitales y a líneas de crédito bancarios,
y adicionalmente tienen capacidad y margen para adecuar
su estructura a la nueva situación del ciclo:
recorte de capex, reducción de actividad M&A,
recorte de dividendos…
Índices
versus valores
Más allá de los hechos, la quiebra de
Lehman generó un riesgo sistémico que
ha puesto en peligro todo el sistema financiero mundial.
Las principales decisiones y medidas adoptadas por las
principales autoridades económicas han ido encaminadas
a soportarlo, intentando dotar de liquidez al mismo
y buscando frenar un efecto dominó sobre la economía.
No obstante, y aunque el objetivo primario no se haya
conseguido, parece que los gobiernos están dispuestos
a tomar medidas contundentes y coordinadas que eviten
el traslado del sentimiento negativo del sector financiero
hacia la economía real. Por tanto, los esfuerzos
de los gobiernos se están dirigiendo a combatir
el efecto sistémico, y en consecuencia, deberán
ser los índices de crédito los que se
beneficiarán de la reducción del riesgo
de mercado. Por tanto, recomendamos invertir a través
de carteras adecuadamente diversificada (índices
de crédito frente a valores concretos) y evitar,
en la medida de lo posible, apuestas concentradas en
un reducido número d valores.
Conclusiones
La inversión en renta fija corporativa, centrada
sobretodo en la parte de mayor calidad crediticia, se
constituye, a mi entender, como la opción más
atractiva en términos de rentabilidad vs riesgo
frente a la deuda pública y renta variable. Los
gobiernos están experimentando deterioros de
sus spread a tasas alarmantes y el equity, con casi
toda probabilidad, se seguirá debilitado por
la incertidumbre a cerca de las expectativas de beneficios
y el progresivo deterioro macroeconómico. Mientras
que los gobiernos y bancos centrales tengan margen tratarán
de adoptar medidas para que el desapalancamiento del
sector privado no acabe en una catástrofe económica
de grandes dimensiones. Si finalmente se consigue, el
resultado final se asemejará mucho al obtenido
por la economía japonesa donde se sacrificó
el crecimiento de su economía durante más
de una década a cambio de mantener vivo el sistema,
asegurando con ello la supervivencia de un gran número
de entidades financieras con balances bajo sospecha.
Bajo este escenario, el crédito puede ser una
inversión maravillosa, sin embargo el precio
de las acciones corren el riesgo de estancarse o de
entrar en una espiral negativa de depreciación
que durará en tanto en cuanto el mercado no descuente
la vuelta a la senda del crecimiento a medio y largo
plazo. Esperemos que las políticas monetarias
laxas y los errores aprendidos del modelo japonés
nos sirvan para reducir el tiempo estimado de recuperación.


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