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Nº176 - Diciembre 2008
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Energías Renovables: del cielo al infierno

“El sistema mundial de energía está en una encrucijada. Las tendencias actuales de suministro y consumo de energía son claramente insostenibles, tanto desde el punto de vista ambiental como del económico y social. Estas tendencias pueden -y deben- ser modificadas; todavía hay tiempo para cambiar el rumbo”. Esta sentencia no proviene de ningún grupo antiglobalización, ni de defensa del medioambiente, ni de algún lobby defensor de las energías renovables. La afirmación ha sido extraída del “World Energy Outlook 2008” publicado por la IEA o Agencia Internacional de la Energía.

Las conclusiones del informe son demoledoras: “La persistencia del laissez-faire nos augura un futuro dependiente de las energías fósiles”; “Se necesitan inversiones masivas en infraestructura energética”; “La mayor parte del petróleo y el gas adicionales procederá de los países de la OPEP, si invierten suficientemente”; “El mundo no está aún escaso de petróleo y gas, no obstante, la producción de petróleo por yacimiento disminuye cada vez más rápido”; “Los obstáculos a la inversión en exploración-producción podrían limitar el suministro mundial de petróleo”; “La falta de políticas públicas tiene gravísimas consecuencias para el clima mundial”.

Al escenario dibujado por este informe, que trata de concienciar del enorme reto al que nos enfrentaremos en materia energética en los próximos años, hay que añadir la crisis económica de proporciones impredecibles que esta expandiéndose por todo el mundo a gran velocidad y que, por primera vez en la historia, afecta al mismo tiempo a las principales áreas económicas del planeta: Japón, Estados Unidos y Europa.

Por supuesto, las energías renovables no han podido escapar de esta situación. En mayor o menor medida, los diversos factores que envuelven esta crisis financiera están afectando y moldeando el presente y el futuro de las compañías del sector energético y muy especialmente, las que tienen que ver con las llamadas “energías limpias”.

Entre los factores que más han influido este año en la evolución de las compañías englobadas en este sector podemos destacar el encarecimiento de la financiación para cualquier tipo de proyectos, un menor crecimiento de la demanda, los temores a sobrecapacidad en ciertas ramas de la industria, los recortes en las subvenciones a las energías renovables y la volatilidad de los precios del petróleo.

Seguramente el problema más grave y que más está lastrando el crecimiento mundial es la falta de confianza-liquidez y el consecuente encarecimiento del crédito. Normalmente las empresas que más sufren cuando la financiación se restringe y encarece son las más incipientes, las que más necesitan dinero para desarrollarse, industrias con enormes inversiones en tecnología como la de energías renovables. Esta situación ha llevado a la revisión, cuando no directamente cancelación, de multitud de proyectos que tan sólo hace un año y medio disponían de financiación muy barata.

Esta constricción del crédito no afecta a todos por igual. Aquellas empresas con músculo financiero suficiente para aguantar la situación actual podrán tomar ventaja a la hora de lograr nuevas adjudicaciones, conseguir los más rentables emplazamientos o mejores términos comerciales con unos proveedores con graves problemas para asegurar sus cobros.

Pero al mismo tiempo que unas empresas padecen la cancelación de contratos, otras se libran de competidores muy agresivos en precios pero con muy poca solidez financiera, lo que permite reducir las posibilidades de sobrecapacidad en la industria en el corto plazo.

Otro de los factores que está afectando al sector de las energías renovables es la continua revisión a la baja de las tasas de crecimiento futuro de la industria. La cancelación de proyectos por la carencia de financiación y la paulatina reducción de las subvenciones en los países más adelantados en la implantación de este tipo de energías han generado dudas en las previsiones de fuertes crecimientos.

Pero los acuerdos alcanzados en la Unión Europea para lograr unos niveles mínimos de generación a través de energías renovables y la reducción en las tasas de emisión de CO2 deben ser cumplidos. Prueba de ello ha sido la reciente revisión de la legislación en España, que aunque reduce las primas, como no podía ser de otra forma, trata de asegurar su desarrollo futuro. Una legislación similar acaba de ser aprobada en Francia, e incluso el plan multimillonario anunciado por el Gobierno de China para afrontar la crisis que padecemos, propone importantes incentivos y objetivos concretos para la expansión de las renovables en el país.

Por último, debemos destacar, el cambio de Gobierno en Estados Unidos que parece mostrar un claro respaldo a la definitiva expansión de este tipo de energías renovables en aquel país, pues si no ocurre un cambio en su programa, la nueva Administración propondrá destinar hasta 150.000 millones de dólares en los próximos 10 años a la implantación de las llamadas energías limpias y establecerá niveles mínimos de generación de energía con este tipo de tecnología. El posible recorte en las subvenciones establecidas por los gobiernos para sustentar el desarrollo tecnológico de las energías renovables ha sido otro de los factores que ha penalizado al sector en los últimos meses.

Reconociendo de antemano que la salud financiera de los gobiernos se está deteriorando, el respaldo anunciado hasta el momento a las subvenciones a la industria parece irrenunciable. Si queremos evitar una crisis energética mucho más profunda en un futuro no muy lejano, no hay alternativas actualmente a la expansión de las energías renovables.

Mención aparte merece los enormes movimientos en los precios del petróleo y su impacto en las renovables. Tras subir mas del 250% desde finales del 2004 hasta alcanzar los 147 dólares barril, su precio se ha desplomado en los últimos cinco meses perdiendo más del 63% de su valor, cotizando actualmente cerca de los 50 dólares el barril.

Y es que la evolución de los precios del crudo tiene gran importancia para el desarrollo de las energías renovables, pues éstas son la alternativa más plausible actualmente frente a niveles desorbitados del petróleo. Por tanto, a mayores precios del crudo, la generación de energía a través de las renovables se hace más competitiva y, por el contrario, caídas bruscas del petróleo, renuevan las dudas sobre la viabilidad de las energías renovables frente a los métodos de generación tradicionales.

Ante la extrema volatilidad de los precios del crudo y la dificultad de estimar sus precios futuros, basta releer los comentarios de la AIE citados al comienzo del artículo. No deberíamos tener duda alguna de que a medio plazo, el crudo será cada vez más escaso, más costosa su extracción y supondrá un mayor riesgo por la localización de los yacimientos que aún se mantengan en funcionamiento, con el consiguiente impacto en los precios del gas natural.

Un castigo (a veces) excesivo

A mediados de noviembre los índices internacionales de energías renovables llevaban una caída media del 60-70% desde los máximos alcanzados a principios de año, superior a las correcciones sufridas por los principales índices internacionales que no superan hasta ahora el 50%. Hay que tener en cuenta que en los últimos años las empresas de este sector habían logrado revalorizaciones espectaculares, llegando a doblar o triplicar su valor en pocos meses. Pero a aquella euforia excesiva le ha llegado una depresión aún mayor, colocando los precios de algunas compañías a niveles extremadamente bajos y presentando unas oportunidades, por lo menos, dignas de estudio y atención.

Obviamente uno de los sectores con mejores perspectivas de crecimiento futuro no puede desaparecer de la noche a la mañana. Como en cualquier otra crisis, muchas empresas desaparecerán, pero aquellas que consigan resistir esta dificilísima situación se convertirán en líderes mundiales de uno de los más atractivos sectores donde invertir en estos momentos. Sirva como ejemplo de posibles excesos una sencilla ecuación. Si valoráramos los megavatios en funcionamiento de Iberdrola Renovables al precio al que se han llevado a cabo las recientísimas transacciones en la industria, alrededor de 1,75 millones de euros por megavatio, nos saldría un precio de 3,2 -3,3 euros por acción. El pasado 27 de octubre cerró a 2 euros. Por supuesto, no otorgamos valor alguno a toda su cartera de proyectos con cualquier grado de avance, su mejor acceso a financiación gracias a su matriz, ni el know-how atesorado por una empresa pionera en este sector. No quiere decir que debamos lanzarnos a comprar acciones como locos, ni que no podamos ver correcciones mayores aún, sólo destacar que los excesos se cometen tanto para un lado como para el otro, pero las oportunidades más valiosas sólo se dan cuando el pesimismo nubla la razón.

Germán Caballero Casado
Gestor de Fonde Valencia Energías Renovables

 



 
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