Energías Renovables: del cielo al infierno |
“El
sistema mundial de energía está en una
encrucijada. Las tendencias actuales de suministro y
consumo de energía son claramente insostenibles,
tanto desde el punto de vista ambiental como del económico
y social. Estas tendencias pueden -y deben- ser modificadas;
todavía hay tiempo para cambiar el rumbo”.
Esta sentencia no proviene de ningún grupo antiglobalización,
ni de defensa del medioambiente, ni de algún
lobby defensor de las energías renovables. La
afirmación ha sido extraída del “World
Energy Outlook 2008” publicado por la IEA o Agencia
Internacional de la Energía.
Las
conclusiones del informe son demoledoras: “La
persistencia del laissez-faire nos augura un futuro
dependiente de las energías fósiles”;
“Se necesitan inversiones masivas en infraestructura
energética”; “La mayor parte del
petróleo y el gas adicionales procederá
de los países de la OPEP, si invierten suficientemente”;
“El mundo no está aún escaso de
petróleo y gas, no obstante, la producción
de petróleo por yacimiento disminuye cada vez
más rápido”; “Los obstáculos
a la inversión en exploración-producción
podrían limitar el suministro mundial de petróleo”;
“La falta de políticas públicas
tiene gravísimas consecuencias para el clima
mundial”.
Al
escenario dibujado por este informe, que trata de concienciar
del enorme reto al que nos enfrentaremos en materia
energética en los próximos años,
hay que añadir la crisis económica de
proporciones impredecibles que esta expandiéndose
por todo el mundo a gran velocidad y que, por primera
vez en la historia, afecta al mismo tiempo a las principales
áreas económicas del planeta: Japón,
Estados Unidos y Europa.
Por
supuesto, las energías renovables no han podido
escapar de esta situación. En mayor o menor medida,
los diversos factores que envuelven esta crisis financiera
están afectando y moldeando el presente y el
futuro de las compañías del sector energético
y muy especialmente, las que tienen que ver con las
llamadas “energías limpias”.
Entre
los factores que más han influido este año
en la evolución de las compañías
englobadas en este sector podemos destacar el encarecimiento
de la financiación para cualquier tipo de proyectos,
un menor crecimiento de la demanda, los temores a sobrecapacidad
en ciertas ramas de la industria, los recortes en las
subvenciones a las energías renovables y la volatilidad
de los precios del petróleo.
Seguramente
el problema más grave y que más está
lastrando el crecimiento mundial es la falta de confianza-liquidez
y el consecuente encarecimiento del crédito.
Normalmente las empresas que más sufren cuando
la financiación se restringe y encarece son las
más incipientes, las que más necesitan
dinero para desarrollarse, industrias con enormes inversiones
en tecnología como la de energías renovables.
Esta situación ha llevado a la revisión,
cuando no directamente cancelación, de multitud
de proyectos que tan sólo hace un año
y medio disponían de financiación muy
barata.
Esta
constricción del crédito no afecta a todos
por igual. Aquellas empresas con músculo financiero
suficiente para aguantar la situación actual
podrán tomar ventaja a la hora de lograr nuevas
adjudicaciones, conseguir los más rentables emplazamientos
o mejores términos comerciales con unos proveedores
con graves problemas para asegurar sus cobros.
Pero
al mismo tiempo que unas empresas padecen la cancelación
de contratos, otras se libran de competidores muy agresivos
en precios pero con muy poca solidez financiera, lo
que permite reducir las posibilidades de sobrecapacidad
en la industria en el corto plazo.
Otro
de los factores que está afectando al sector
de las energías renovables es la continua revisión
a la baja de las tasas de crecimiento futuro de la industria.
La cancelación de proyectos por la carencia de
financiación y la paulatina reducción
de las subvenciones en los países más
adelantados en la implantación de este tipo de
energías han generado dudas en las previsiones
de fuertes crecimientos.
Pero
los acuerdos alcanzados en la Unión Europea para
lograr unos niveles mínimos de generación
a través de energías renovables y la reducción
en las tasas de emisión de CO2 deben ser cumplidos.
Prueba de ello ha sido la reciente revisión de
la legislación en España, que aunque reduce
las primas, como no podía ser de otra forma,
trata de asegurar su desarrollo futuro. Una legislación
similar acaba de ser aprobada en Francia, e incluso
el plan multimillonario anunciado por el Gobierno de
China para afrontar la crisis que padecemos, propone
importantes incentivos y objetivos concretos para la
expansión de las renovables en el país.
Por
último, debemos destacar, el cambio de Gobierno
en Estados Unidos que parece mostrar un claro respaldo
a la definitiva expansión de este tipo de energías
renovables en aquel país, pues si no ocurre un
cambio en su programa, la nueva Administración
propondrá destinar hasta 150.000 millones de
dólares en los próximos 10 años
a la implantación de las llamadas energías
limpias y establecerá niveles mínimos
de generación de energía con este tipo
de tecnología. El posible recorte en las subvenciones
establecidas por los gobiernos para sustentar el desarrollo
tecnológico de las energías renovables
ha sido otro de los factores que ha penalizado al sector
en los últimos meses.
Reconociendo
de antemano que la salud financiera de los gobiernos
se está deteriorando, el respaldo anunciado hasta
el momento a las subvenciones a la industria parece
irrenunciable. Si queremos evitar una crisis energética
mucho más profunda en un futuro no muy lejano,
no hay alternativas actualmente a la expansión
de las energías renovables.
Mención
aparte merece los enormes movimientos en los precios
del petróleo y su impacto en las renovables.
Tras subir mas del 250% desde finales del 2004 hasta
alcanzar los 147 dólares barril, su precio se
ha desplomado en los últimos cinco meses perdiendo
más del 63% de su valor, cotizando actualmente
cerca de los 50 dólares el barril.
Y
es que la evolución de los precios del crudo
tiene gran importancia para el desarrollo de las energías
renovables, pues éstas son la alternativa más
plausible actualmente frente a niveles desorbitados
del petróleo. Por tanto, a mayores precios del
crudo, la generación de energía a través
de las renovables se hace más competitiva y,
por el contrario, caídas bruscas del petróleo,
renuevan las dudas sobre la viabilidad de las energías
renovables frente a los métodos de generación
tradicionales.
Ante
la extrema volatilidad de los precios del crudo y la
dificultad de estimar sus precios futuros, basta releer
los comentarios de la AIE citados al comienzo del artículo.
No deberíamos tener duda alguna de que a medio
plazo, el crudo será cada vez más escaso,
más costosa su extracción y supondrá
un mayor riesgo por la localización de los yacimientos
que aún se mantengan en funcionamiento, con el
consiguiente impacto en los precios del gas natural.
Un
castigo (a veces) excesivo
A
mediados de noviembre los índices internacionales
de energías renovables llevaban una caída
media del 60-70% desde los máximos alcanzados
a principios de año, superior a las correcciones
sufridas por los principales índices internacionales
que no superan hasta ahora el 50%. Hay que tener en
cuenta que en los últimos años las empresas
de este sector habían logrado revalorizaciones
espectaculares, llegando a doblar o triplicar su valor
en pocos meses. Pero a aquella euforia excesiva le ha
llegado una depresión aún mayor, colocando
los precios de algunas compañías a niveles
extremadamente bajos y presentando unas oportunidades,
por lo menos, dignas de estudio y atención.
Obviamente
uno de los sectores con mejores perspectivas de crecimiento
futuro no puede desaparecer de la noche a la mañana.
Como en cualquier otra crisis, muchas empresas desaparecerán,
pero aquellas que consigan resistir esta dificilísima
situación se convertirán en líderes
mundiales de uno de los más atractivos sectores
donde invertir en estos momentos. Sirva como ejemplo
de posibles excesos una sencilla ecuación. Si
valoráramos los megavatios en funcionamiento
de Iberdrola Renovables al precio al que se han llevado
a cabo las recientísimas transacciones en la
industria, alrededor de 1,75 millones de euros por megavatio,
nos saldría un precio de 3,2 -3,3 euros por acción.
El pasado 27 de octubre cerró a 2 euros. Por
supuesto, no otorgamos valor alguno a toda su cartera
de proyectos con cualquier grado de avance, su mejor
acceso a financiación gracias a su matriz, ni
el know-how atesorado por una empresa pionera en este
sector. No quiere decir que debamos lanzarnos a comprar
acciones como locos, ni que no podamos ver correcciones
mayores aún, sólo destacar que los excesos
se cometen tanto para un lado como para el otro, pero
las oportunidades más valiosas sólo se
dan cuando el pesimismo nubla la razón.
Germán
Caballero Casado
Gestor de Fonde Valencia Energías Renovables


|