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Desde cuando…

Reorientación, restructuración, reducción del gasto público y subidas de impuestos son conceptos de actualidad. Está claro que la única manera para cuadrar los Presupuestos, cumpliendo con el objetivo de estabilidad, es actuando sobre estas partidas. Pero, ¿esto se ha hecho siempre así?, la respuesta es sí.

En la Grecia Antigua se creó una Hacienda Pública elemental para poder mantener los gastos corrientes del Estado si con los beneficios de su patrimonio real no era suficiente, siempre con carácter extraordinario. Otra vía de ingresos procedía de las aduanas, dado el carácter comercializador de los griegos.

Cuando los helenos fueron conscientes que para mantener su nivel de vida eran necesarios nuevos ingresos, aparecieron los impuestos indirectos. Estos gravan el consumo familiar. Es la primera vez en la historia que aparece la relación entre ingresos y gastos públicos.

Durante la Grecia Clásica, el Tesoro Público se convirtió en un fondo común con el que distribuir la riqueza entre los ciudadanos. Cuando las disposiciones no alcanzaban para cubrir casos de necesidad o los ocasionados por guerras, se aprobaban impuestos directos, sobre la renta o el patrimonio de los ciudadanos. Ningún griego debía pasar hambre o miseria, y el Estado se hacía cargo de la educación y la sanidad.

Evolucionando hacia Roma, se establecen los primeros impuestos territoriales, los que gravan el valor de los bienes inmuebles. También se clasifican a los contribuyentes en función de la importancia de sus patrimonios, ganados, industrias. Los romanos crearon los “peajes” por uso de puentes, entrada a ciudades, etc.

Con la caída del imperio romano llegamos a la Edad Media, donde no existían impuestos propiamente dichos hasta final de la etapa. Sin embargo, sí existía el vasallaje como relación de pago-protección, y las regalías como licencias para poder ejercer determinadas actividades. Pero cuando los ingresos así conseguidos no alcanzaron los gastos públicos y los de la corona, se restableció el sistema de impuestos.

El pueblo, asfixiado por las nuevas exigencias de los reyes, emprende rebeliones en protesta por el pago de tantos impuestos. En 1215 la Carta Magna de Inglaterra estableció que el impuesto debería ser consentido por quien deba pagarlo. Las Cortes establecieron unos acuerdos con los reyes donde plasmar los gastos a realizar y cómo obtener los fondos para los mismos, siendo el origen remoto del Presupuesto Público.

Durante las Monarquías Absolutas se fortalece la Hacienda Pública y se amplía la administración, haciendo necesarios nuevos impuestos indirectos, perdurando semejantes figuras tributarias en el presente.

Desde entonces, la esencia de las figuras tributarias no ha evolucionado, si bien con la Democracia entran en juego mecanismos que ofrecen mayores garantías de igualdad de todos ante la Ley, la distribución de los tributos según la capacidad económica, etc., mediante la separación de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial., etc. Estamos ante un planteamiento justo de la actividad de la Hacienda Pública.

Como vemos, los impuestos existen desde antaño, estando muy vinculados a la evolución de la sociedad. Y para conseguir un Estado de Bienestar se necesita de unos ingresos estables.

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