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Don’t Stop

Desde que apareciera en 1876 el primer despertador de cuerda en el mercado, la puntualidad se ha instaurado como un principio básico de la persona. Luego con la aparición de los relojes de mano y la normalización de un sistema horario internacional, el mundo ha podido desarrollar un único mercado global bajo el mismo ritmo. Pero, ¿se podría considerar que actualmente se es esclavo del tiempo? La respuesta sencillamente sería sí. Desde que suena el despertador por las mañanas hasta que se decide descansar, se habrá controlado la hora en un sinfín de ocasiones, todo ello para poder constatar que se va bien de tiempo.

Con una esperanza de vida situada en 81 años en España no debería ser necesario vivir pendiente de los minutos, ya que hay cabida suficiente para crecer, aprender, trabajar y disfrutar. Lo importante aquí es organizarse, y aunque parezca paradójico no se trata de establecer una agenda con objetivos y plazos, motivo causante de una vivencia rápida de las cosas y punto de partida hacia el estrés, sino más bien tener en cuenta que no sólo hay que disfrutar del presente sino que existe un futuro. No favorece a las personas acumular experiencias sin que aporten valor añadido, actualmente se trata de hacer más cosas sin tener en cuenta si nos reportan algo, igual que los usuarios de Facebook comparan el número de amigos como un indicador de popularidad, sin pararse a analizar el tiempo que invierte en las comunicaciones sin sentido o con qué frecuencia lo hacen. Se debería trabajar para ganar en calidad de vida como objetivo primordial.

Existe un movimiento internacional denominado “Slow” que busca crear un mundo donde la velocidad no sea la cuestión importante, como dijo Gandhi: “En la vida hay algo más importante que incrementar su velocidad” y cierto es, se trata de la intensidad con la que se viva. Una sociedad como la actual, consumista per se no valora el placer de hacer las cosas con lentitud adecuada. Es Importante indicar que hacerlas de manera más pausada no implica perder el tiempo o dejar de ser eficiente, simplemente es hacerlas bien en el tiempo necesario para ser disfrutadas.

La tecnología ha avanzado como herramienta de optimización del tiempo pero habría que añadir el análisis de cuándo es útil aplicarla y cuando no. Un ejemplo sencillo son las relaciones con los amigos y familiares utilizando redes sociales y correos electrónicos, cuando lo bonito de las relaciones interpersonales son las quedadas para disfrutar de comidas, viajes, etc., que permiten el enriquecimiento del ser humano. Cada mañana si miran a su alrededor, la primera conclusión a la que llegarán es que se vive deprisa. Ahora que se ha abierto el debate de la retribución vinculada a la productividad es el momento para abolir un sistema de organización laboral instaurado en horarios rígidos. Permitir que los asalariados dispongan de más tiempo o mejor organización del mismo les hará estar más motivados, disfrutar de las pequeñas cosas de la vida y por tanto rendir mejor.

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