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El camino es la competitividad

Una parte muy importante del tejido empresarial de la Comunidad Valenciana está constituido por empresas de tamaño mediano y pequeño de carácter familiar. Esto supone una ventaja, ya que les proporciona cierta flexibilidad de adaptación al entorno cambiante; pero para aprovecharla, las pymes necesitan disponer de fondos externos, principalmente a largo plazo, para realizar sus proyectos de investigación y desarrollo, inversión o expansión y así poder conseguir un alto grado de competitividad.

Tradicionalmente han conseguido una parte importante de su financiación externa del sistema bancario. Pero esto supone una gran dependencia de las condiciones que les imponen las entidades financieras y las hace muy vulnerables cuando surgen problemas puntuales de liquidez y solvencia. Sin embargo, ya se comienzan a vislumbrar cambios de actitud en las formas de financiar y gestionar las empresas. En este sentido, van adquiriendo cada vez más importancia las formas de financiación alternativas, a través del Mercado de Valores o del Capital Riesgo. Si bien el grado de cambio es muy paulatino y no avanza al nivel que sería deseable para elevar el grado de desarrollo y madurez. No hay que olvidar que la Financiación sigue siendo el principal motor de las empresas.
Pero además, existen, varios aspectos claves para promocionar y posicionar a nuestras pymes como elementos competitivos dentro de un entorno global. El primero vendría por la vía de la Formación. Es decir, proporcionar las herramientas adecuadas que ayuden a nuestros empresarios a la consecución de sus propios objetivos, aumentando la cualificación de los recursos humanos y profesionalización, es esencial a la hora de planificar el crecimiento de las empresas. De esta forma se evitará la fuga de talentos a otras zonas más consolidadas que es una tarea que también deberíamos fomentar.

Otro aspecto clave es la internacionalización. España tiene muy buenas empresas exportadoras que deben ser el espejo donde mirarse para dinamizar al resto del tejido productivo. La salida de la situación actual pasa por generar crecimientos del PIB por una mayor aportación de ingresos por operaciones internacionales. Para ello, las instituciones deben crear un marco legal y financiero mínimo, necesario para generar dicha actividad.

Si bien es cierto que generar competitividad vía precio es algo complicado en estos tiempos, hay que apostar por productos y servicios de calidad que aporten valor añadido y tengan más garantías que los competidores. Para ello, la innovación se convierte también en una piza clave en este proceso.

En este contexto, las líneas fundamentales de desarrollo de la estrategia de las Pymes deberían ir encaminadas, al menos, hacia: Formación e Información, Innovación e Internalización, y requerirán, como mínimo, acceso a fuentes de financiación, cualificación, desarrollo de procesos de producción y gestión eficientes y una inversión en investigación y desarrollo. Todo ello en virtud de conseguir sus objetivos y llegar a un grado de competitividad alto para integrarse en el entorno económico global. Sólo así, se podrá generar el crecimiento económico tan necesario. El camino es la competitividad.

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