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El Euro y la Planificación Anticipada

A 51 días para la puesta en circulación del Euro, de la desaparición de la Peseta como medio de pago, y de todas las monedas nacionales de la llamada «área-euro 11» es decir los once países que integran la Unión Económica y Monetaria, nos encontramos ante un hito histórico sin precedentes similares.

A las puertas del euro, resulta interesante realizar un repaso a las diferentes etapas que se han ido sucediendo hasta alcanzar el objetivo de la unidad económica y monetaria (UEM) del viejo continente, proceso que se ha prolongado durante catorce años. Los primeros pasos se produjeron en 1988 mediante la constitución de un grupo de trabajo con la finalidad de estudiar la posible implantación de la moneda única, en cuyo informe se establecieron tres etapas para su instauración progresiva.
De la primera etapa, cabe destacar el Tratado de Maastricht en 1992, en el cual se estableció la base jurídica de la UEM, así como el establecimiento de los criterios de convergencia de los estados miembros. En 1994 comenzó la segunda etapa mediante la creación del Instituto Monetario Europeo, así como la elaboración del Libro Verde sobre las modalidades prácticas para la introducción de la moneda única, estableciendo en la Cumbre de Madrid de 1995 el calendario definitivo de la implantación del euro.
Desde 1998 y hasta

el 30 de junio de 2002 nos hallamos en la tercera y última etapa para la implantación del euro, cuyo calendario fue minuciosamente elaborado tras en nacimiento del euro el 1 de enero de 1999, y se pondrá en circulación el 1 de enero de 2002. A partir de esta fecha, se procederá a la distribución masiva de moneda y billetes de euro, periodo de convivencia con la peseta que finalizará el 28 de febrero, fecha en la que desaparecerá como moneda de cambio.

Tras este recorrido por las diferentes etapas, se prevé que la transición de la peseta al euro se vaya a producir sin grandes alteraciones pero ¿Estamos realmente preparados para la puesta en circulación del euro?

Por lo que respecta al impacto a producirse en el seno de las empresas, y a diferencia del estricto calendario a nivel macroeconómico, se ha optado por un criterio de flexibilidad, dejando al libre albedrío de las mismas el momento de transición al euro, es decir poder optar entre la anticipación al cambio, mediante la adaptación paulatina, o bien esperar al 1 de enero de 2002 y realizar el cambio bruscamente.

Entre los principales cambios y las medidas que van a tener que afrontar las empresas ante este hecho histórico, que por sus características lo hacen especialmente complejo, destacaremos los aspectos legales y contables.

En primer lugar, y desde un punto de vista estrictamente jurídico, las sociedades mercantiles, desde el 1 de enero de 1999 y hasta el 1 de enero de 2002, disponen de un periodo transitorio y de carácter voluntario de conversión del capital social de pesetas a euros, proceso que goza de exención tanto tributaria como del pago de aranceles registrales. Este proceso, denominado operación de redenominación supone la modificación de los estatutos sociales, debido a la adaptación de la empresa al euro, tras la cual es necesario proceder a la conversión de las acciones, participaciones, y cuotas sociales. Posteriormente, se aconseja proceder a la renominalización, es decir al redondeo del capital social al céntimo más próximo, lo que puede suponer un aumento o disminución del mismo, siempre y cuando el importe no sea inferior al mínimo legal establecido.

En caso contrario, aquellas empresas que no deseen efectuar la redenominación de su capital social con anterioridad a puesta en circulación del euro, ésta se entenderá efectuada de forma automática. Ahora bien, esta opción no parece aconsejable, en tanto en cuanto las cifras que se pueden obtener como consecuencia de la conversión automática pueden ser de poca utilidad práctica de cara al manejo del capital social.

En segundo lugar, cabe destacar los importantes cambios que se van a producir en la contabilidad de las empresas, ya que se va a tener que realizar una conversión de los balances financieros y contables en euros. Una vez transcurrido el periodo transitorio, todas las anotaciones contables irán expresadas obligatoriamente en euros.
Por lo que respecta a las cuentas anuales, y únicamente para aquellas empresas cuya fecha de cierre sea anterior a 31 de diciembre de 2001 podrán presentar las cuentas tanto en pesetas como en euros, a partir de esta fecha, deberán ir expresadas en euros.

Evidentemente, el impacto del euro va a producir importantes cambios tanto en la organización como en la estrategia de la empresa, sin embargo las repercusiones se circunscriben al ámbito exclusivamente interno ya que no va a afectar de forma, ni mucho menos uniforme a todo el tejido empresarial, puesto que existen múltiples factores como la estructura, la tecnología, el sector de la empresa, etc… que van a influir en el proceso de adaptación del euro.

Sin embargo, las estadísticas no parecen muy alentadoras, ya que, por lo visto parece ser que ha fracasado el llamado efecto «bola de nieve», mediante el cual se presumía que las PYMES, se verían arrastradas por las grandes empresas y adaptándose de forma progresiva a la llegada del euro. Este cambio, no se ha producido la mayoría de las PYMES, por lo que la adaptación se retrasará previsiblemente, hasta la llegada inminente del euro.
Ahora bien, no cabe ser catastrofista ni alarmista, únicamente es necesario concienciar a las empresas de los beneficios y ventajas que puede reportar el estar preparado a la llegada del euro, y no dilatar en el tiempo el proceso de adaptación. Sin lugar a dudas, y a pesar de las dificultades iniciales, las empresas que trabajen en euros con anterioridad a su puesta en circulación encontrarán claras ventajas frente a sus competidores.

Mireya Sáez Villar
Área Formación/ Proyectos
msaez@febf.org

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