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El universo de los depósitos

Desde el pasado mes de diciembre, la zona euro está asistiendo a una subida escalonada de tipos de interés, que al parecer y por el momento continuará su evolución ascendente. Esta situación está provocando cambios en las tendencias inversoras, así como en la oferta de las entidades bancarias hacia los inversores, ya que la coyuntura actual ha favorecido el resurgimiento de la inversión más conservadora como son los depósitos bancarios.

A ello hay que añadir que el próximo año entrará en vigor la reforma fiscal que equipara el régimen fiscal de los productos financieros de manera, que todas las rentas procedentes del ahorro con independencia de su naturaleza y plazo de generación tributarán al tipo fijo del 18%. Asimismo se suprimen las reducciones que en la actualidad se aplican a las prestaciones de ciertos instrumentos de ahorro-previsión cuando éstas se cobran en forma de capital como por ejemplo los planes de pensiones.
Esta reforma supone la implantación de un sistema tributario dual, similar al existente actualmente en los países nórdicos, en el que la tributación de las rentas productivas y la de las rentas del capital difieren radicalmente, sometiéndose las primeras a un gravamen progresivo y, las segundas, a un gravamen proporcional.
Por otro lado hay que destacar la desaparición de la ventaja competitiva de ciertos productos que permitía realizar reducciones en las prestaciones obtenidas en forma de capital procedentes de planes de pensiones y seguros de vida –sumada a la generalización del 18% para la renta del ahorro. Ello por tanto supondrá, sin duda una desincentivación de la inversión en dichos productos de ahorro, que disfrutaban, por razón de su horizonte temporal a largo plazo, de una tributación favorable respecto del ahorro a corto plazo. Desaparecida la ventaja fiscal, la natural inmovilización de estos productos pesará negativamente en la decisión del inversor, por lo que los depósitos se verán sin duda beneficiados.
Los depósitos como fórmula de ahorro pueden adoptar una gran cantidad de modalidades y existen diversos tipos de clasificaciones en función de las características propias de cada producto.
La partida más significativa del pasivo exigible de los bancos viene constituida por los llamados depósitos a la vista – también llamados depósitos transaccionales- que podrían incluir todo tipo de cuentas que permitan girar cheques contra los bancos, pagaderos a la vista.

En esta modalidad se incluirían las cuentas corrientes en la que el cliente puede ingresar dinero en la entidad, quedando ésta obligada a su devolución en cualquier momento en que el cliente lo solicite. Normalmente, la entidad ofrece al cliente una remuneración por el dinero depositado, aunque ésta puede no existir.

Al día de hoy sin embargo, los llamados depósitos no transaccionales, son la mayor fuente de fondos con la que cuentan los bancos de muchos de los sistemas financieros mundiales. Los propietarios de tales depósitos no pueden girar cheques contra esas cuentas -razón por la que tales cuentas no serán líquidas- pero permiten a sus titulares obtener tipos más altos que los pagaderos sobre los depósitos transaccionales.

Existen dos tipos bancarios de depósitos no transaccionales: las cuentas de ahorro cuando sean indisponibles a la vista, y los llamados depósitos a plazo.

Los depósitos a plazo tienen un vencimiento fijo -que va desde uno o varios meses hasta varios años- antes del cual sus propietarios no podrán disponer de sus fondos y en caso de hacerlo su disposición sufrirá una penalización en relación con los intereses devengados a diferencia de los depósitos a la vista.

Uno de los principales tipos de depósitos a plazo son los denominados depósitos en moneda nacional o en divisas, siendo una de las modalidades tradicionales de inversión y se caracteriza por la inversión de una cantidad determinada a cambio de una rentabilidad prefijada inicialmente en un plazo determinado. Respecto de los riesgos asumidos por la contratación de este tipo de productos hay que diferenciar entre uno y otro, ya que en el caso de la contratación de depósitos de divisas además de la variación del tipo de interés, el inversor debe tener en cuenta la evolución del tipo de cambio de la divisa a la cual está referenciada.

Otra de las modalidades existentes son los denominados productos estructurados que surgieron a raíz del descenso de los tipos de interés internacionales a principios de los años noventa. Se trata de instrumentos financieros a medida y con garantía frente al riesgo, que a la vez ofrecen rentabilidades más atractivas. En este sentido los productos estructurados están compuestos por dos tipos de activos financieros: mediante el primero se garantiza, en todo o en parte, el capital invertido al final de la vida del producto y mediante el segundo se obtiene la rentabilidad de aquel activo que se ha escogido como referencia (índices, acciones, divisas, materias primas, etc.

En este sentido, los depósitos indexados es decir aquellos cuya rentabilidad viene fijada en función de un determinado índice bursátil o un conjunto de índices, si bien está garantizado el capital principal, es decir la inversión inicial, la rentabilidad obtenida no lo está y variará en función de la evolución de índice de referencia.

Existe todo un universo de depósitos en los que el inversor puede realizar sus inversiones en función de su perfil, pero es importante que los usuarios conozcan sus características y a pesar de tratarse de un producto de inversión conservador, es necesario que se informe de los riesgos a los que está expuesto, pérdida máxima potencial, beneficio máximo estimado, análisis de sensibilidad de los diferentes escenarios posibles, etc y fundamentalmente ser cauto a la hora de tomar una decisión y no dejarse llevar por la euforia de rentabilidades elevadas, dejando a un lado otras cuestiones de suma importancia.

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