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Elija su retribución.

En momentos en que la prima de riesgo parece que nos da un respiro, las empresas españolas vuelven a retomar sus políticas de dividendos, siendo una alternativa algo más atractiva que la de la deuda pública. La media de rentabilidad por dividendo que ofrecen nuestras empresas del Ibex 35 ronda el 6%.

¿Pero, cómo reparten las empresas españolas sus dividendos entre los accionistas? En una época en la que las empresas tienen que agudizar su genio, conseguir y/o mantener liquidez para tener contentos a sus accionistas parece misión imposible.

Lo último en los mercados es el scrip dividend o también denominado dividendo flexible o dividendo elección. Esta fórmula, está basada en una ampliación de capital liberada (con cargo a Reservas), con derecho de suscripción preferente para los accionistas; de esta forma, la sociedad tiene la alternativa de repartir el dividendo en acciones o en efectivo y los accionistas la posibilidad de elegir su forma de retribución.

Una vez realizada la ampliación de capital, la empresa ofrece a sus accionistas tres opciones: cobrar la retribución en papel, de esta forma el accionista puede esperar a recibir directamente los nuevos títulos; vender los derechos de suscripción derivados de la ampliación en el mercado al precio que coticen en ese momento, por lo que se transforma en efectivo, es decir, como si recibiera el dividendo tradicional sin verse obligado a incrementar su participación; o puede vender los derechos a la propia empresa a un precio que se ha fijado de antemano, consiguiendo así el mismo resultado.

La ventaja que tiene la empresa al pagar a los accionistas con papel es clara, y tiene aún más sentido en épocas de falta o encarecimiento de liquidez como la actual. Asimismo, les permite incrementar su capital social con mayor calidad financiera. Aproximadamente el 80% de las cotizadas del Ibex 35 están utilizando esta modalidad de reparto de dividendos para retribuir a sus accionistas.

Pero, ¿cuál es el beneficio para el accionista? Muchas veces, la ventaja o desventaja de esta forma de retribución estriba en el perfil del inversor. Para un inversor conservador, por ejemplo, y teniendo en cuenta el factor psicológico, probablemente prefiera percibir cada año “con seguridad” una cantidad de dinero efectivo (forma de reparto tradicional), en lugar de tener un número superior de acciones (como propone esta medida) que puedan revalorizarse o no, hecho no exento de riesgo. Sin embargo, para un perfil más arriesgado puede ser una buena oportunidad para incrementar posiciones en la empresa, siendo una apuesta clara por el crecimiento y futuro de la compañía.

Otro aspecto interesante de percibir papel estriba en la tributación, debido a que la normativa de IRPF no considera técnicamente como cobro por dividendo la entrega de acciones liberadas y, por tanto, se crea un diferimiento en la tributación hasta la transmisión de las acciones.

En cualquier caso, esta fórmula es una opción más de la que disponen tanto las compañías como los accionistas. No es buena ni mala en sí misma, simplemente depende del perfil inversor de cada accionista y de la situación en la que se encuentre la compañía en ese momento, flexibilizando su estructura a la hora de retribuir a sus accionistas.

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