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EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LOS CENTROS FINANCIEROS

Las primeras referencias históricas sobre centros financieros relevantes se remontan al S. XI momento en el que la Feria de St. Giles (Inglaterra) pasó a ser la de mayor tamaño en toda Europa. Esta feria supuso un gran impulso para el comercio y las finanzas internacionales. Como tal, puede considerarse una de las primeras referencias históricas de plazas financieras internacionales. Este tipo de ferias o mercados atraían a comerciantes de toda Europa, siendo el mercado principal para el comercio internacional.

Los comerciantes florentinos y los cambistas judíos acudían a estas grandes ferias, y fundaron las finanzas modernas. Por aquel entonces ya empezaba a haber un cierto contraste entre la economía rural, basada en el campo y el ganado, y la economía de las urbes, centrada en el comercio y las finanzas.

Los financieros florentinos actuaron a través de toda Europa como germen de una revolución financiera. A finales del S. XII hubo un resurgimiento de las ciudades italianas, y Florencia refinó su expertise financiero vinculado al comercio. El Florín, moneda de oro acuñada en 1252 cobró un enorme prestigio internacional.

En ferias a lo largo y ancho del continente europeo podían verse los cambistas florentinos, pero Florencia nunca llegó a ser un verdadero centro financiero porque prefirió centrarse en el arte y la política.

En aquel entonces la Iglesia tenía un gran poder, y prohibió el préstamo de dinero con interés, considerándolo usura. Dadas las circunstancias, la conversión de deuda en varias monedas, ayudó a generar operaciones comerciales y cuantiosos beneficios, tanto para los prestamistas como para los cambistas.

Con la llegada del S.XI, Venecia pasó a convertirse en la plaza financiera internacional de referencia desde una perspectiva moderna. La moneda de Venecia, el Ducado, tomó su nombre del Duque de Venecia. Tanto el Ducado como el Luis de oro (francés) materializaban la soberanía, como ya lo hicieron previamente las monedas con la efigie del César durante el Imperio Romano.

La ciudad de la laguna –Venecia- ejerció una soberanía en el comercio marítimo internacional y dominó instrumentos financieros complejos. Venecia como Ciudad-Estado no solo era un centro comercial relevante sino que también era una potencia bélica con capacidad de emprender campañas bélicas contra sus rivales.

Entre 1500 y 1580 Venecia perdió su hegemonía y Amberes emergió como centro financiera internacional de referencia a partir de una comunidad financiera sefardí muy dinámica. La ciudad de Amberes fundó su propia Bolsa de Valores en 1515,  en la que los comerciantes portugueses se mostraron muy activos en el comercio portuario de oro traído del nuevo mundo por el imperio español. En 1590 se colapsó el mercado monetario de Amberes. Durante casi 100 años el centro financiero de Amberes había sido la capital comercial del Norte de Europa.

Génova, rival histórico de Venecia, estaba esperando que llegara su momento histórico para convertirse, ya en el S. XV, en el sucesor de Amberes como centro financiero europeo internacional de referencia. Tal y como lo habían hecho los banqueros florentinos en el S. XIII, los banqueros de la Piazza de Ferrari eran considerados los mayores especialistas en las técnicas financieras más sofisticadas.

Génova se vió impulsada, lo mismo que Amberes, por el Imperio Español, como su centro financiero de referencia para acoger los flujos de metales preciosos del nuevo mundo, evitando Flandes. El talento de los banqueros genoveses sirvió para canalizar los flujos comerciales de plata del nuevo mundo para generar un centro muy poderoso. El Banco de St. George actuó como banco comercial y como banco de reservas. En aquel momento los banqueros genoveses dominaban las transferencias internacionales de dinero. Andrea Done configuró la ciudad estado como satélite del Imperio español, y abolió los feudos familiares.

La suspensión de financiación genovesa al Imperio español debido a la guerra, supuso un punto de inflexión en la hegemonía de la plaza financiera de Génova, precipitando su declive, pero el sistema de finanzas internacionales genovés ha permanecido como ejemplo histórico único de plaza financiera hasta nuestros días.

En 1585, la derrota de la Armada Invencible Española dió paso al dominio del comercio internacional por parte de Inglaterra y Holanda.

Tras la conquista española de Amberes numerosos comerciantes judíos huyeron a Ámsterdam, y se establecieron fuertes comunidades gremiales. También se crearon nuevas rutas de intercambio comercial, por ejemplo con India. La Compañía Holandesa de las Indias Orientales (VOC) se creó en 1602, y  el poderoso Banco de Ámsterdam comenzó a operar en 1609. Ya en 1610 los patricios de Amsterdam aprobaron en denominado “Plan de los tres canales” que permitió la expansión urbanística de la ciudad.

En este s.XVII emergió un potente mercado de opciones en Amsterdam configurándolo como centro financiero internacional, si bien desarrolló una gran burbuja de precios de los bulbos de tulipán en 1636/37, cuya apuesta más alta superaba 20 veces el salario anual de un artesano honesto. En Haarlem, durante una subasta rutinaria, el mayor trader desencadenó un pánico bursátil.  Este escándalo fue muy negativo para la economía real y también sobre el atractivo de Amsterdam como centro financiero.

Los banqueros comenzaron a relocalizar sus operaciones en Londres debido a la degradación de las relaciones entre Inglaterra y la republica holandesa. En la primera mitad del s.XVIII, de forma gradual, la armada inglesa superó a la holandesa.

La innovación de John Law de Laniston arruinó las convalecientes finanzas públicas de Francia, generando una gran suspicacia sobre el sector financiero. En 1716 Law abrió el Banque Generale en Paris, y financió el sistema de inversiones de Mississipi convenciendo al regente francés Philippe d´Orleans de que podrían rescatar y liquidar la deuda pública francesa. La quiebra de Law agravó las manipulaciones de Richard Cantillon, ocasionando una grave crisis financiera. Todo el sistema bancario francés se vió afectado por una grave crisis de confianza en los ahorradores.

Ya en el siglo XVII Reino Unido había construido un gran imperio transoceánico. La competencia por dominar el comercio y las finanzas mundiales se vio enfatizado por el conflicto naval holandés ingles entre 1652-1784 (se libraron cuatro guerras durante aquel periodo). La Compañía Británica de las Indias orientales rivalizaba con la Compañía Holandesa de las Indias Orientales.

La denominada “revolución gloriosa de 1688” supuso la llegada de la Casa de Orange Nassau al trono de Inglaterra. Los financieros holandeses, apoyados por el nuevo rey Guillermo III exportaron innovadoras técnicas financieras a Inglaterra.

El Banco de Inglaterra rápidamente superó al Amsterdamse Wisselbank como foco de atracción para los pagos internacionales. El mercado inglés estaba basado en deuda soberana a largo plazo, emitida por el Estado, y respaldada por un miembro del mercado. Primero ejerció ese papel el Banco de Inglaterra, y con carácter alternativo, la Compañía de las Indias Orientales.

Posteriormente, la denominada Pax Británnica fue un caldo de cultivo ideal para el desarrollo de la supremacía financiera de Inglaterra. Tras las guerras napoleónicas, prominentes banqueros y mercaderes había huido desde Amsterdam hacia Londres, algunos con el apoyo de los propios bancos de inversión holandeses para conseguir un mercado grande y profundo.

La Primera Guerra Mundial resultó fatal para el dominio de las finanzas desde Inglaterra, debido a la escasez de productos y el hambre de la población.  La flota de submarinos alemanes aisló y empobreció a Inglaterra. El estándar del oro no sobrevivió a la gran depresión, pero Londres continuo siendo un centro financiero de referencia mundial para el tráfico mercante (tanto la intermediación como los seguros navales).

Con posterioridad a la I Guerra Mundial la inversión extranjera cayó desde el 20% hasta el 5% del PIB mundial antes de la II Guerra Mundial. Después de la denominada “Gran Guerra” Estados Unidos pasó a ser el contrincante naval de Inglaterra.

200 años después de la crisis de Law, la quiebra de la deuda rusa generó de nuevo una gran crisis de confianza sobre el sistema financiero bancario. Por aquel entonces se decía que prestar a Rusia era como prestar a Francia. El default de la deuda por parte de Lenin y los bolcheviques generó de nuevo una gran crisis financiera.

Desde el principio de la I Guerra Mundial comenzó la escalada hacia el liderazgo mundial de la plaza financiera de Nueva York. A principios de la I Guerra Mundial la regulación de las operaciones bursátiles era más rigurosa en Londres, y las dificultades de Inglaterra durante la guerra ayudaron a la plaza financiera de Nueva York. El sistema bancario norteamericano (impulsado por la creación de la Reserva Federal en 1913) y el Puerto de Nueva York ya estaban consolidados. Durante la crisis de 1929 se tambaleó el sistema bancario norteamericano, pero la plaza financiera de Nueva York continuó con su liderazgo financiero.

En 1941, a pesar del ataque a Pearl Harbour, Wall Street seguía firme. Tras la destrucción generada por la II Guerra mundial, las finanzas de Wall Street se vieron impulsadas con la reconstrucción de Europa, y también por la guerra fría.

Con el liderazgo financiero norteamericano se apoyó el estatus internacional de su moneda, el Dólar. Londres, no obstante, consiguió continuar siendo una plaza financiera relevante.

Hasta la fecha Nueva York ha conseguido superar numerosas crisis financieras. La denominada “gran moderación” (entre 1945 y 1975) incluyó numerosas quiebras bancarias. Otras crisis financieras dignas de mencionar fueron en los años 80 la crisis de las cajas de ahorros norteamericanas y la quiebra del LTCM. En 2001 el ataque terrorista a las torres gemelas o la crisis subprime de 2007.

Esta estabilidad de Wall Street es el resultado de un mejor entendimiento entre la economía y las finanzas. Londres continúa siendo una plaza financiera internacional a pesar de haber rechazado en su día incorporarse a la Unión Económica y Monetaria y al euro, pero el referéndum del Brexit ha supuesto una reducción de su actividad financiera, con algunos bancos de inversión relevantes buscando localizaciones alternativas en el continente europeo para beneficiarse del espacio europeo único y del “pasaporte europeo”.

La II Guerra mundial supuso la incorporación de ordenadores al mundo financiero. Hoy en día está muy claro que las tecnologías de la información han cambiado el curso de la historia financiera.  Todas las plazas financieras disponen de infraestructuras de tecnologías de la información claves como apoyo, y en menos de 50 años los centros de negociación directa se han transformado en plataformas electrónicas.

Tras la Segunda Guerra Mundial Tokio fue la plaza financiera de referencia en la región del pacifico. El éxito del Mercado de Futuros del Arroz en Dojima (que comenzó en 1715) muestra una larga tradición de los japoneses en el uso de productos financieros complejos, pero Japón prefirió vivir segregado hasta 1853. Tras la restauración Meiji (1868) Japón puso en marcha su sistema bancario nacional. El mercado japonés comenzó a desregularse y abrirse al exterior en los años 70, aunque vivió una larga crisis por su falta de profesionalidad y gobierno corporativo.

En el s.XX Tokio fue considerado el mayor centro financiero de la costa pacífica, pero hoy en día hay otras plazas financieras asiáticas con gran ambición por alcanzar el liderazgo. Por ejemplo, el gobierno chino anuncio su apoyo a Shanghai como centro financiero líder en 2020. Y Tokio se enfrenta además a gran competencia por parte de las plazas financieras de Singapur y Hong Kong.

En el s.XXI se espera, además que surja una plaza financiera en Africa habida cuenta del impulso de sus economías.

A lo largo de las próximas décadas emergerá en el Africa subsahariana el sistema bancario africano necesita cubrir las necesidades de una población creciente. En 2025 Naciones Unidas espera que la población africana alcance los 1.5 billones de habitantes y en 2100 los 4.4 billones. Los bancos de Africa del Sur y Nigeria han comenzado a tomar posiciones muy fuertes. La presencia de una población joven motivada y cualificada genera incentivo suficiente para el auge de un centro financiero africano relevante.

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