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Finanzas verdes y estabilidad financiera

Históricamente la economía ha ignorado a la naturaleza y abusado de ella sin pensar en las consecuencias para generaciones futuras. En la novela de Ernest Hemingway Fiesta: El sol también sale, se le pregunta a un personaje cómo se fue a la bancarrota. “De dos formas”, responde. “Gradualmente y, luego, de golpe”. Lo mismo sucede con el cambio climático. El daño ha venido siendo gradual y, a menos que hagamos algo, el mundo podría, de un momento a otro, llegar a un punto de inflexión sin retorno.

Sabemos que el problema es mucho más grave, razón por la cual no se necesita un cambio incremental, sino radical: reducir a la mitad las emisiones de carbono cada década hasta 2050. Para llegar a ese punto se requiere un rápido cambio hacia energías renovables, nuevas redes de electricidad, mayor eficiencia energética y transporte con bajas emisiones de carbono. Gracias al abaratamiento de la energía renovable y a los avances tecnológicos, esta transición es hoy viable y asequible.

Pero además de ello, las finanzas sostenibles pueden generar un sistema financiero global estable, según Mark Carney, actual enviado especial de las Naciones Unidas para las finanzas y la acción en materia climática. Tal y como destaca en su editorial de la revista del Fondo Monetario Internacional del pasado mes de septiembre, el Acuerdo de París originó al menos tres innovaciones fundamentales: limitar el calentamiento del planeta a menos de 2º C, con un objetivo aun superior de 1,50, los planes nacionales voluntarios (NDC, por sus siglas en ingles) que luego se sumaron de forma objetiva para ponderar lo que sucedería si los países cumplieran sus compromisos, y la participación del sector privado y actores no estatales, con soluciones macro y micro.

Desde el Acuerdo de Paris, los conceptos “cero emisiones netas”, “alineado con Paris” y “objetivo de 1,5o” han pasado de ser jerga de diplomáticos a estar en boca de todos. Los ODS y las cero emisiones netas son hoy un principio de organización que se desplaza del plano mundial al nacional y al empresarial, pero la emergencia climática continúa.

La cruda realidad es que el cambio climático se agravó tras el Acuerdo de Paris. En 2020 se estimó que la temperatura del mundo se elevaría por encima de los 3oC para fines del siglo pudiendo ocasionar mayores catástrofes naturales, pandemias y devastación de especies. Ya somos testigos de las primeras señales de la devastación.

Cada vez tenemos más claro es esfuerzo extraordinario que requiere alcanzar el objetivo de 1,5o: las emisiones de CO2 deben disminuir a razón de un 7% anual durante toda esta década. En 2020, debido al confinamiento, numerosos países alcanzaron esta cifra, algo que difícilmente volverá a repetirse. Esta circunstancia pone de relieve la necesidad de invertir y crecer para alcanzar cero emisiones netas.

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26) será un punto de inflexión para las finanzas. Debido a ello, nos encaminamos a la COP 26 para las bases de un sistema en el que cada decisión financiera tenga en cuenta el cambio climático. Pero los mercados exigen información para operar con eficacia.

En Paris, el Grupo de trabajo sobre Divulgaciones Financieras Relacionadas con el Clima (TCFD), creado por el Consejo de Estabilidad Financiera, era apenas un concepto. Tres años atrás, en Hamburgo, se presentaron las recomendaciones finales del TCFD a los líderes del G‑20. Hoy en día, prácticamente todo el sector financiero exige las divulgaciones TCFD y más de 2.000 grandes empresas del mundo responden a esa exigencia.

A pesar de estos avances, la cobertura aún es limitada, y la información sigue estando incompleta, en especial sobre los indicadores críticos a futuro. Ha llegado la hora de que los gobiernos se sientan obligados con las divulgaciones TCFD y se comprometan a formular una Norma de Divulgación de Información Climática, basada en las recomendaciones del TCFD. Esta acción ya está cobrando impulso, con fuerte respaldo del G‑7 y G‑20.

El compromiso con la transparencia y rendición de cuentas, junto con una mayor sensación de urgencia van a transformar la gestión del riesgo climático. En apenas unos años, la Red por un Sistema Financiero más Verde, integrada por Bancos Centrales y Supervisores Financieros, ha crecido de ocho miembros fundadores a más de 90 autoridades miembros (que representan más del 80% de las emisiones mundiales).

Los Bancos Centrales en países responsables del 50% de las emisiones mundiales van a realizar estrés test climáticos bancarios en sus sistemas financieros. Para la COP26, es prioritario incorporar las expectativas de los organismos supervisores a la gestión del riesgo climático, y aumentar los estrés test climáticos.

A partir de la mejora cualitativa de la información, y por ende, de la gestión de riesgos, el sistema financiero podrá mirar hacia fuera y afrontar el cambio climático con compromiso, alineación y participación.

El compromiso comienza con los objetivos de cero emisiones netas de parte de los países. Estos han aumentado del 30%, de las emisiones cuando Reino Unido e Italia asumieron la presidencia de la COP, a más del 70% en la actualidad.

La Alianza Financiera de Glasgow para las Cero Emisiones Netas (GFANZ) se creó para dar respuesta a enormes necesidades de inversión que podrían superar los 100.000 millones $ en los próximos 30 años. La GFANZ, que reúne a más de 250 instituciones financieras responsables de activos valorados en 80.000 millones $ y comprometidas con la Carrera hacia Emisiones Cero de la COP, es la regla de oro para los compromisos del sector financiero con la sostenibilidad.

Para la reunión en Glasgow, todas las grandes empresas financieras deben decidir si también serán parte de esta solución para el cambio climático. La GFANZ es una gran iniciativa, pero no debería ser la única en Glasgow. Forma parte del compromiso, pero su verdadero objetivo es promover la acción climática mediante alineación y participación.

La alineación implica definir planes de cero emisiones netas acordes con las mejores prácticas para empresas e instituciones financieras, aprovechando la encomiable labor que ya está en marcha. La alineación también conlleva evaluaciones solidas de las carteras de instituciones financieras en relación con el camino hacia cero emisiones netas.

Los bancos centrales, liderados por el Banco Central Europeo, están fijando las pautas mientras estudian como modificar sus instrumentos de política monetaria de modo que sean más congruentes con los objetivos y políticas relativos al clima legislados en sus jurisdicciones.

En este sentido, el TCFD realizó un examen minucioso de las metodologías para evaluar indicadores que miden la alineación de las carteras con la transición a cero emisiones netas.

La combinación de divulgación de información climática a futuro, los planes de cero emisiones netas y los indicadores sobre alineación de las carteras fomentaran la inversión, en particular si los países adoptan políticas climáticas creíbles y previsibles, como la tarificación del carbono.

Si bien las estimaciones varían, la mayoría sugiere que se necesitará más de un billón de dólares de inversión adicional anual durante décadas para desarrollar energía verde en economías en desarrollo y mercados emergentes.

Para satisfacer esta necesidad, debemos transformar miles de millones de capital público capital privado, ampliando la escala de la financiación mixta, catalizando flujos de capital privado independiente, y creando nuevos mercados.

Los bancos multilaterales de desarrollo tienen una posición ideal para movilizar financiación privada, pero hasta el momento los resultados han sido modestos, ya que solo se movilizaron 11.000 millones $ en 2018. Para orquestar un cambio radical de la capacidad de financiación es preciso acometer al menos cuatro grandes iniciativas:

1) Compromisos privados: Un grupo de trabajo de la GFANZ se basará en desarrollar iniciativas para garantizar compromisos con una importante capacidad de financiación privada para proyectos destinados a promover la transición a cero emisiones netas en economías en desarrollo y de mercados emergentes.

2) Mecanismos públicos: Los bancos multilaterales de desarrollo deben identificar y prepararse para una significativa ampliación a escala de vehículos de financiación hibrida, instrumentos y mecanismos que promueven una gran movilización de capital privado.

3) Plataformas nacionales: Los sectores público y privado se están uniendo mediante iniciativas tales como la Alianza Mundial de Inversores para el Desarrollo Sostenible y la iniciativa de Liderazgo de Finanzas Climáticas a fin de desarrollar plataformas nacionales que respondan a necesidades específicas y desafíos más amplios.

En vista del énfasis que pone la financiación privada en las cero emisiones netas, las plataformas nacionales deben integrar los NDC alineados con Paris para atraer capitales a gran escala. Los proyectos congruentes con estrategias nacionales a largo plazo alineadas con Paris tienen más posibilidades de atraer capital privado y menos posibilidades de sucumbir anta los riesgos del proyecto, incluidos los cambios regulatorios.

4) Mercado con mayor integridad para créditos de carbono: Los créditos de carbono, generados por proyectos que reducen o eliminan las emisiones, tales como la reforestación, permiten a los compradores compensar o neutralizar las emisiones que continúen generando mientras transitan hacia cero emisiones netas, dadas las condiciones para este mercado.

Mas de 1.600 empresas se han comprometido con objetivos de base científica, y para conseguirlo, las empresas necesitan una combinación adecuada de reducciones de emisiones y créditos de carbono creíbles, que neutralicen y compensen las emisiones que continúan generando, lo que incluye soluciones basadas en la naturaleza tales como la reforestación y el cambio hacia energía

más verde en las economías en desarrollo.

Sin duda, la principal responsabilidad de las empresas es reducir las emisiones absolutas. Sin embargo, en el camino hacia las cero emisiones netas, deben usar créditos de alta integridad para compensar sus emisiones.

En la actualidad, el mercado de créditos de carbono es pequeño, fragmentado y su calidad no es homogénea. Este mercado podría crecer más de 150.000 millones $ anuales y facilitar importantes flujos de capital entre países, pues la gran mayoría de los proyectos para reducir los altos niveles de emisiones estará en economías en desarrollo y de mercados emergentes, con posibles beneficios colaterales significativos para la biodiversidad y otros Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

El Grupo de Trabajo para la Ampliación de los Mercados Voluntarios de Carbono, formado por 250 organizaciones y liderado por Bill Winters y Annette

Nazareth, ha publicado recientemente sus recomendaciones finales sobre cómo desarrollar y ampliar rápidamente un mercado mundial y profesional de carbono

con los más altos niveles de integridad, transparencia y credibilidad.

El Grupo colabora con otras Alianzas, como la Iniciativa para la Integridad de Mercados Voluntarios de Carbono, a fin de garantizar más medidas significativas de financiación de mercados voluntarios de carbono para hacer frente al cambio climático.

Sin duda el próximo paso será pasar del plan a la acción. Dos de los centros financieros más grandes del mundo -Londres y Singapur- ya están redoblando esfuerzos para implementar las recomendaciones y maximizar un presupuesto muy limitado de carbono.

Sobre las bases de un nuevo sistema financiero sostenible, y desde la iniciativa privada se podrá conseguir el capital necesario para que empresas y proyectos de todas las economías garanticen un futuro con cero emisiones netas en el mundo.

“Saber no es suficiente; debemos aplicar lo que sabemos. Estar dispuesto no es suficiente; debemos actuar”. Leonardo da Vinci.

Isabel Giménez Zuriaga

Directora General

Fundación de Estudios Bursátiles y Financieros.

Publicado en: Boletin 317- Octubre

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