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Gestión estratégica del patrimonio familiar

Las empresas familiares tienen mayores tasas de mortalidad debido a las asimetrías existentes en el tratamiento de los temas familiares y empresariales; pero también, en gran medida, por la escasa importancia concedida a la gestión estratégica de sus patrimonios en el largo plazo, de particular interés en la actualidad por la necesidad de complementar nuestros ingresos para después de la jubilación.
Stuart E. Lucas es un asesor financiero poco habitual, presidente de la Wealth Strategic Network (asociación que ayuda a las familias norteamericanas a administrar su fortuna), cocinero antes que fraile, es de la cuarta generación de la fortuna Carnation, negocio familiar adquirido por Nestlé en 1985. En su libro “Wealth: Grow It, Protect It, Spend It and Share It”, publicado por Wharton School Publishing, Lucas nos habla de ocho principios que constituyen la base de su gestión estratégica.
Principio 1: Tomar pronto el control.
La gestión patrimonial estratégica implica formarse sobre las finanzas familiares, activos existentes, patrones de gasto, tasas de retorno esperadas y actuales planes inmobiliarios. O decidir cómo estructurar los objetivos financieros y familiares a largo plazo para que estén integrados y sean compatibles entre sí.
Definidos los valores, se dispondrá de un marco básico, a partir del cual desarrollar una estrategia a largo plazo para el patrimonio. El horizonte temporal podría ser el ciclo vital, de una generación o de varias. Tomar buenas decisiones desde un principio puede tener un impacto positivo durante décadas, generando una cultura de liderazgo dentro de la familia.
Principio 2: Compaginar los intereses familiares y empresariales al desarrollar la estrategia de gestión patrimonial
Reunir a los miembros familiares alrededor de objetivos comunes es crucial para asegurar la implementación de estrategias y objetivos de gestión patrimonial, en especial, cuando son multi-generacionales. Compaginar los intereses de los miembros familiares contribuye a definir la identidad familiar, y genera economías de escala.
El estratega patrimonial es clave para una vida familiar armoniosa, y debe ser capaz de conducir las conversaciones familiares hacia los objetivos fundamentales. Debe preguntar cuestiones importantes, reconocer las diferentes posiciones psicológicas y financieras de cada uno de los miembros, y ser capaz de llevar las discusiones no sólo hacia la historia y valores de la empresa, sino también hacia su visión del futuro.
Obviamente, la armonización de intereses también significa estructurar las relaciones profesionales con los asesores.
Principio 3: Crear una cultura basada en las responsabilidades
Las dinámicas familiares suelen están relacionadas con las actividades de gestión del patrimonio familiar (actividad empresarial per se). Para implementar con éxito las estrategias, es necesario poner en práctica sistemas de responsabilidad y de control de resultados.
Los individuos y las familias cuantifican los resultados financieros en base al rendimiento general de la inversión. Pero la actuación de los inversores financieros se evalúa a través de los resultados obtenidos con productos individuales o los beneficios que aportan a sus firmas.
También es importante establecer un horizonte temporal para revisar los resultados obtenidos por el estratega y los asesores, así como los resultados financieros de las acciones, valores y otros componentes de la cartera financiera de la familia.
La objetividad en la medición también puede ayudar a despersonalizar críticas a individuos en aquellos casos en que no se estén obteniendo los resultados esperados.
Principio 4: Capitalizar los recursos familiares combinados
En toda familia, sea cual sea su tamaño, con el paso del tiempo los recursos se distribuyen entre sus miembros. Las herramientas para invertir la entropía son la capitalización del tamaño financiero de la familia y de las fortalezas combinadas de las personalidades, experiencia, habilidades, afiliaciones y redes, todo ello dentro de una cultura meritocrática. Para movilizar estas armas es fundamental que en la familia haya un líder, con empatía, pero disciplinado.
Principio 5: Delegar, autorizar y respetar la independencia
Los miembros de una familia pudiente aprenden a remar juntos y separados. Apoyar a miembros de la familia para que asuman retos propios, lejos de la influencia inmediata de la familia, fomenta la autoconfianza y la asunción de riesgos. Apoyar las iniciativas de los hijos (ya sean adultos o jóvenes) implica algo más que compartir sus éxitos. Es importante tener presente que el apoyo se ha de brindar también en caso de fracaso.
Después de establecer una expectativas claras sobre resultados para el equipo y un sistema de responsabilidades que compagine sus intereses con los tuyos propios, es importante apartarse a un lado y delegar muchas actividades diarias de la gestión patrimonial a estos profesionales competentes. Haciéndolo se consigue generar una relación cliente-asesor altamente productiva porque tu equipo profesional está ahora capacitado para actuar en tu nombre.
Principio 6: Diversificar sin dejar de especializarse.
El reto es combinar lo mejor de ambos mundos. Con la diversificación mitigas el riesgo, y con la especialización consigues tener éxito en la vida. Diversificar es fundamental para controlar el riesgo. La riqueza se crea más rápidamente y con mayor frecuencia gracias al éxito alcanzado en un único negocio, pero también se pierde más rápidamente si te especializas sólo en una o unas pocas inversiones.
El principio de diversificación se puede aplicar a otros ámbitos, como por ejemplo, el tratamiento fiscal de los activos, o la estrategia de recursos humanos. Especialización y energía también son componentes fundamentales en la gestión de las inversiones, y “animan a la consecución del juego”. En este país –y cada vez en más partes del mundo-, los mercados de capital son altamente competitivos. Es muy difícil conseguir una ventaja competitiva en la explotación del capital, un componente crítico para hacer crecer un patrimonio diversificado.
La especialización y la experiencia también mejoran la capacidad para juzgar. Deberíamos ser capaces de tomar decisiones importantes basándonos en los hechos, pero en ocasiones tendremos que tomarlas basándonos en tu intuición y valores.
Principio 7: Si vas a equivocarte, equivócate de un modo sencillo
Inevitablemente, los asesores presentarán numerosas opciones atractivas para hacer sorprendentes cosas con tu dinero. Algunas serán ideas estupendas, pero lo más prudente es quedarse con estrategias de gestión patrimonial y productos sencillos. Aunque seas tremendamente rico, es mejor invertir en índices financieros u otros productos sencillos, probados y de bajo coste. Antes de elegir soluciones complejas, conviene evaluar las sencillas, que pueden ofrecerte gran parte de los beneficios de planes más complicados, un mayor grado de certidumbre, mejor implementación y mayor flexibilidad en caso de que las circunstancias financieras o personales cambien.
Existen ocasiones en las que un enfoque simple en la gestión patrimonial no es apropiado. Algunas familias gestionan activamente la complejidad para ganar ventaja competitiva.
Un corolario para estos casos sería: equivócate de un modo transparente. Como las discusiones sobre la gestión del patrimonio familiar posiblemente van a ser complejas y largas, no todos los miembros de la familia necesitan o quieren estar en todas las conversaciones. Sin embargo, comunicarte regularmente con todos ellos servirá para informar de cómo van evolucionando las cosas y recibir nuevas ideas.
Principio 8: Desarrollar futuros líderes familiares con buenas habilidades para la gestión patrimonial.
Un prerrequisito para tener éxito en la creación de riqueza a través de múltiples generaciones es que el estratega patrimonial desarrolle futuros líderes dentro de la familia. Todas cuentan con una potencial reserva de talento, energía, contactos y experiencia empresarial muy útil para crear las bases del futuro. Por ejemplo, el estratega patrimonial puede cultivar a los individuos de la familia que muestren determinado interés y aptitud, dándoles progresivamente posiciones de mayor responsabilidad en la gestión del patrimonio familiar. Puede servir exponerlos al poder corrosivo (y vacía satisfacción) del gasto excesivo. Con ello, se contribuye a que las nuevas generaciones abracen los valores de la responsabilidad y la administración financiera, en lugar de actitudes de arrogancia o titularidad.
Ningún miembro de la siguiente generación familiar debería empezar a trabajar en el negocio familiar sin pasar al menos una década trabajando en otras empresas. Desde luego, este enfoque supondrá que la siguiente generación cuestione, e incluso amenace las prácticas de gestión existentes o la autoridad de las generaciones más viejas; sin embargo, al fomentar la excelencia empresarial, la renovación está implícita.
En palabras de S. Lucas “Después de 25 años gestionando el dinero de otras personas, mis finanzas personales y el patrimonio familiar, he desarrollado lo que considero una serie de principios útiles para una gestión efectiva de la riqueza a largo plazo. Estos principios son útiles independientemente del volumen de la fortuna a gestionar, horizonte temporal o complejidad funcional, e independientemente de la mayor o menor agresividad de tus ambiciones. Para todo aquel preocupado por la gestión de su patrimonio, estos principios proporcionan una fuente de estabilidad y un marco fundamental de referencia”.
Aunque estos principios pequen de conservadores, lo cierto es que el sentido común prevalece sobre la mayoría de los postulados aplicados a los miembros de las empresas familiares; si a ello le añadimos la dilatada experiencia del autor, parece más que recomendable una lectura pormenorizada del libro.

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