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Hoja de ruta para el Cambio climático y las Emisiones

El cambio climático es una de las mayores emergencias mundiales, y el mayor reto al que se enfrenta la Humanidad. Cada persona es titular de un “alquiler vital” a lo largo de su vida y con sus actuaciones diarias (consumo, inversión) genera un legado respetuoso o agresivo para sus conciudadanos y descendientes.

Todavía hay personas escépticas ante esta realidad, pero existen cifras y compromisos globales que muestran la magnitud de la emergencia y las buenas prácticas, mostrando la hoja de ruta a seguir.

El aumento del nivel del mar, que ya es una realidad, ha desplazado a millones de personas, obligando a que cambien su lugar de residencia y en algunos casos, abocándolos a ser refugiados o excluidos sociales “sin papeles”. Estos desplazamientos, si no se abordan desde un punto de vista global, tendrán consecuencias catastróficas para la Humanidad. No podemos ni debemos esperar a que las futuras generaciones salven el planeta, debemos actuar ya.

Afortunadamente, en los dos últimos años, el cambio climático ha adquirido un creciente protagonismo en las políticas de inversión, y no va a dejar de tenerlo. Esto supone un elemento diferencia en la concienciación de los inversores, con consecuencias directas sobre las gestoras de fondos y las empresas cotizadas. Los inversores consideran muy importante que haya una acción coordinada a escala global para detener el calentamiento global. Fruto de ello, la inversión sostenible ha dejado de ser objetivo de algunos países o de los inversores institucionales. Hoy en día, la inversión sostenible se ha incorporado a la mayoría de las carteras, independientemente del perfil del inversor, y abarcando a  inversores de países emergentes.

Los eventos climáticos sobrevenidos los últimos años (incendios en Australia, huracanes en EE.UU, inundaciones, glaciar hundido en los Alpes suizos…) han tenido consecuencias negativas (fallecimientos, pérdida de hogares, migraciones…) y avivado la conciencia global sobre el cambio climático.

La ultima década, con nueve de los diez años más cálidos de la historia, ofrece otro dato más para reforzar el cambio climático que supone retos y oportunidades para la raza humana.

Retos como abordar el cambio climático y reducir la velocidad de deterioro y generar un nuevo modelo económico agradable con el planeta tierra y respetuoso con la biodiversidad. Oportunidades como las vinculadas a los sectores de energías renovables, transición energética (descarbonización) y nuevos sectores (economía circular o tecnologías facilitadoras de la transición).

Y en este contexto, el Acuerdo de Paris sigue siendo la base de todas las medidas para enfrentarse al cambio climático, al ser el único acuerdo realmente global, con el que todos los países se han comprometido. Su objetivo fundamental consiste en limitar para 2100 el aumento de las temperaturas medias mundiales por debajo de 2ºC sobre los niveles preindustriales. Eso significa que el mundo debe alcanzar la neutralidad en carbono, no más tarde de 2050.

El acuerdo fue ratificado el 22 de abril de 2016, día que la ONU designo como el día de la Tierra, y fue suscrito por 196 países. Desde entonces, numerosos países se han comprometido a ser neutros en carbono para 2050, y algunos todavía son más ambiciosos. Por ejemplo, Austria o Uruguay se han comprometido a lograrlo en 2040. China, que tiene la mayor huella de carbono mundial, se ha fijado como objetivo net zero el año 2060.

¿Es realista a fecha hoy el Acuerdo de Paris? Según Lucian Peppelenbos, estratega de cambio climático en la gestora de fondos Robeco, si utilizáramos un sistema de semáforo, estaríamos ahora mismo en naranja, con cierta mejora con respecto del pasado, gracias a los compromisos políticos asumidos en Asia (China, Japón y Corea del Sur) pero todavía alejados del verde. Teniendo todo esto en cuenta, los países responsables del 63% de las emisiones globales estarán en línea con el objetivo de emisiones netas cero.

Si realmente cumpliéramos con las promesas de 2050, el mundo estaría en vías de limitar el calentamiento global a 2,1º C frente a los 3º C previos.

Debido a ello, en 2017 se firmó en París un Manifiesto de Acción por el Clima 100+ por parte de un grupo de inversores centrado en las 100 empresas con mayor volumen de emisiones de gases con efecto invernadero, y posteriormente desde la Unión Europea se articuló en 2018 un Plan de Acción de Finanzas Sostenibles, con el objetivo de fomentar la inversión sostenible en los 27 países.

Obtener un diagnostico actualizado sobre los avances en la acción contra el cambio climático es complejo, pero lo cierto es que cada vez se dispone de más herramientas de análisis, y en este contexto, conviene poner en valor las buenas prácticas, como por ejemplo las llevadas a cabo por dos organizaciones alemanas que utilizan herramientas visuales para medir los avances, con un rastreador climático y un reloj de cuenta atrás del carbono.

El indicador de actuaciones contra el cambio climático hace un seguimiento de las actuaciones del sector publico para reducir emisiones, y las compara con el objetivo del Acuerdo de Paris.

Este indicador es resultado de la colaboración entre el Instituto de Política y Ciencia Climática (Climate Analytics) y el grupo de investigación New Climate Institute. Entre ambos evalúan y exteriorizan los datos para informar a cada país si van por el buen camino en la mitigación del cambio climático. En su web cada usuario puede interactuar para ver como lo están haciendo desde su economía.

En cuanto al denominado Reloj del Carbono, desde la web con datos proporcionados desde el grupo intergubernamental de expertos en cambio climático (IPCC) puede verse que cantidad de CO2 se puede liberar todavía a la atmósfera, así como la rapidez y eficiencia con la que se van reduciendo las emisiones por zonas geográficas y tipos de emisores.

No es fácil enfrentarse al cambio climático, ya que conlleva darle la vuelta al statu quo, inventar nuevas tecnologías y reducir las emisiones que provocan el calentamiento global. En resumen, entraña colaborar juntos por un mismo objetivo vital.

Los principales avances acontecidos han venido de la mano de una mayor concienciación global, visibilización de avances y resultados y colaboración público-privada para poner en marcha programas de largo plazo.

En 2015 desde la Asamblea de Naciones Unidas se establecían 17 objetivos globales (ODS) para 2030 centrados en poner fin a la pobreza, proteger el planeta y mejorar las condiciones de vida globales, sin dejar a nadie atrás.

El creciente escrutinio inversor y los avances regulatorios y de métodos de evaluación y elaboración de los índices sostenibles han sido claves para esta mayor madurez de las inversiones. La conciencia sobre el cambio climático supone una ayuda complementaria en el avance de las finanzas sostenibles, que han llegado para quedarse.

Isabel Giménez Zuriaga

Directora General

Fundación de Estudios Bursátiles y Financieros

igimenez@febf.org

Boletin julio 326

https://newclimate.org

https://climateanalytics.org

https://www.un.org

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