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Kate y su economía del Donut

“La profesora Raworth es una visionaria que redefine los fundamentos económicos y nos permite reflexionar sobre nuestro punto de partida y diferentes itinerarios, así como sus consecuencias medioambientales. El alcance de su pensamiento es similar al de la Teoría General de J.M. Keynes a principios del s.XX”. G.Monbiot.

El libro de Kate Raworth, profesora visitante de la Universidad de Oxford e investigadora retirada de Oxfam, es refrescante y necesario. Tratándose de un trabajo crítico sobre el funcionamiento del capitalismo global, no es trivial que un reputado defensor de la globalización económica lo haya recomendado como lectura obligada del 2017. Para Martin Wolf (2017), del Financial Times, no es necesario estar de acuerdo con la metáfora central del Dónut para reconocer que el libro es admirable en su intento de ampliar el horizonte desde el que hoy se piensa sobre la economía.

Duncan Green (2017) también revela su entusiasmo, y escribe en un blog del Banco Mundial que si tan solo 10 % de las ideas de Raworth fuesen implementadas, el mundo sería un lugar mejor.

Una fortaleza del libro de Raworth es sin duda su soporte bibliográfico, en tanto logra armonizar un sinnúmero de textos clásicos y más contemporáneos, tanto ortodoxos como heterodoxos, en una historia coherente, creativa y constructiva sobre los grandes retos sociales y ambientales del siglo XXI. El uso de la historia para exponer sus argumentos le permite también elaborar críticas en contexto, y poner así en evidencia la necesidad de reinterpretar ideas dadas por hecho en el pasado.

Un ejemplo de ello es la referencia al debate del origen de la medición del crecimiento económico de un país. Relata Raworth que en los años 1930 el Congreso de los Estados Unidos encomendó a Simon Kuznets la tarea de calcular el valor de la economía nacional. En aquel momento histórico causaba gran preocupación la demanda extraordinaria de recursos financieros generada por el denominado «New Deal», así como la amenaza apremiante de una nueva guerra mundial. Como resultado, aquella métrica fue muy relevante, siendo un asunto de seguridad nacional.

Tras la segunda guerra mundial, y debido a la influencia estadounidense en la reconstrucción de Europa con el Plan Marshall, y la contención del comunismo en Asia y América Latina, el crecimiento económico, medido a través del PIB, se convierte en un estándar internacional.

Su importancia teórica se materializaría más tarde en los años 50 tras la presentación de la Curva de Kuznets, con una relación negativa, al principio, y positiva, luego de cierto punto, entre el PIB per cápita de una sociedad y la distribución de sus ingresos. Ello disciplinaría a los individuos a ser tolerantes con márgenes (incluso desmedidos) de concentración de la riqueza, bajo la promesa de que a partir de cierto punto el equilibrio económico desencadenaría en mayor equidad. A pesar de la advertencia de Kuznets(1955), quien en su artículo original, publicado en la revista American Economic Review, escribió que su teoría tenía un sustento de tan solo un 5% de información empírica y 95% de especulación.

En el corazón de la crítica de Raworth, y de donde, según cuenta la autora, surge la idea de dibujar una visión alternativa de la economía (ver siguiente sección), reside el modelo del flujo circular de Paul Samuelson. El referente es relevante, en tanto se trata de una imagen incluida en el libro de introducción a la Economía más vendido en la historia. El lector puede consultar el segundo capítulo del texto (en su versión contemporánea el manual tiene como coautor a William Nordhaus) para constatar la centralidad de dicha imagen en la formación de economistas profesionales de hoy.

El problema de aquella visión mecanicista del mundo, en la que las preferencias humanas y los sistemas de precios son el único prerrequisito para maximizar el beneficio de todos en la sociedad, no reside solo en sus supuestos (ej. el reducir al comportamiento humano al de una máquina maximizadora) sino, sobre todo, en el riesgo que implica ignorar que las capacidades del planeta no pueden satisfacer las líneas de producción que garanticen un equilibrio general de mercado. A pesar de ello, indica Raworth, muchos estudiantes de economía siguen aprendiendo a ser como el hombre racional, aquel que vive aislado de los demás, con dinero en sus manos, con una calculadora en la cabeza y unas preferencias fijas que le indican que el único límite a su consumo es su presupuesto individual.

En este contexto no deja de ser interesante que Rober Boyer (2015), padre de la Teoría de la Regulación, también haga referencia al legado de Samuelson, señalando que al menos en Francia a mediados del s.XX, sus postulados neoclásicos fuesen completamente irrelevantes para explicar el equilibrio entre crecimiento económico y distribución del ingreso que logró consolidar aquel país durante aquel periodo.

Una de las críticas más interesantes planteadas en el libro gira en torno al uso del lenguaje de los denominados “fallos del mercado” para hacer referencias tímidas a la depredación humana del medio ambiente. En palabras de Raworth (2017) es necesario:

[dejar] de lado la amada noción de externalidades de los economistas, [o] aquellos efectos incidentales que reciben las personas que no estaban involucradas en las transacciones que las producían -como el vertido tóxico que afecta a las comunidades que viven cerca de un río contaminado por una fábrica o la polución inhalada por los ciclistas a través del tráfico urbano. Tales externalidades negativas, señala el economista ecológico Herman Daly, son aquellas cosas que «nosotros clasificamos como externalidades simplemente porque no hemos hecho ninguna previsión para ellos en nuestras teorías económicas. (p. 123).

Los daños que el sistema económico contemporáneo hace al planeta son, por el contrario, argumenta la autora, endógenos (o inherentes) al mismo. De un lado, existen estudios (Cárdenas, Stranlund & Willis, 2000), que demuestran cómo el homus economicus, que tanto se insiste en institucionalizar desde algunas facultades de economía, es un individuo que no sabe ni le interesa resolver problemas de acción colectiva. Se fomenta, por tanto, un ser medioambiental depredador “racional”. Raworth sostiene que esta es una visión que se mantiene casi intacta desde los trabajos de los pensadores marginalistas de finales del s.XIX y comienzos del s.XX, llevando a la autora a dictaminar que «a los ciudadanos del 2050 se les está enseñando una estructura económica mental vetusta, enraizada en los libros del 1950, a su vez derivada de teorías del 1850» (p. 7).

Desde una perspectiva más macro, la autora trae a colación la investigación liderada por Johan Rockstrom sobre los límites planetarios para constatar cómo el ser humano ha empezado a agotar los recursos de la Tierra. El trabajo publicado en revistas como Science y Nature se centra en nueve aspectos ambientales globales como el cambio climático, la biodiversidad, la acidificación de los océanos, los cambios en los usos del suelo y los flujos biogeoquímicos, entre otros. El superar umbrales en cualquiera de estos temas, como de hecho ya ocurre con al menos cuatro de ellos, genera un riesgo ineludible para la vida humana en el planeta. Solo por citar dos ejemplos, ya se superó el umbral ideal de emisión de 350 partes por millón (ppm) de CO2 (la cifra mundial actual circunda en las 400 ppm). A su vez, es tal el ritmo alcanzado de extinción de especies (hasta diez veces más alta que lo que considera sostenible) que desde 1970 el número de mamíferos, aves, reptiles, anfibios y peces en la tierra se ha reducido a la mitad.

La economía del Dónut (figura 1) establece, por tanto, unos principios generales para orientar a los ciudadanos del s.XXI hacia el espacio justo y seguro que se encuentra entre el suelo social y el techo ambiental del planeta. El límite superior para toda actividad productiva se fundamenta en lo propuesto por Rockstrom y sus colegas. Por más que algunos líderes políticos poderosos quieran negarlo, el mundo es finito y sus recursos no logran reproducirse a las mismas tasas de crecimiento que lo hace el cambio tecnológico, la productividad empresarial y las crecientes necesidades -muchas de ellas artificiales- de consumo de bienes y servicios. En medio de tal debate, la autora invita a hacer un simple cálculo aritmético: de cumplirse la meta de crecimiento de 5% anual, cifra que se ha fijado como una especie de regla de oro entre especialistas, en 2050 el tamaño de la economía sería de cinco veces el de hoy, y para 2100, ¡de más de 50 veces! Es tal la dimensión de esa cifra, que invita a la reflexión.

Gráfico nº 1: La economía del donut.

Fuente: Traducción del esquema original en Raworth (2017)

El límite inferior, por su parte, incluye metas sociales que según expertos garantizarían el cumplimiento global de los derechos humanos -por ejemplo, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas. Atender las necesidades básicas de la población demanda recursos del planeta, y eso tampoco se puede desconocer. De hecho, como indica la figura 1, los datos oficiales revelan que el sistema económico actual tampoco ha sido exitoso en resolver los doce fundamentos sociales propuestos por Raworth. Por ejemplo, en el mundo de hoy, señala la autora, un cuarto de la población mundial vive con menos de tres dólares diarios, un tercio no tiene acceso a una letrina, una de cada once personas no consume agua limpia y una de cada seis personas entre 12-15 años, la mayoría niñas, no va al colegio. Por ende, sostiene que

En este punto de la historia humana, el movimiento que mejor describe el progreso que necesitamos consiste en entrar en un equilibrio dinámico, moviéndose hacia el espacio seguro y equitativo del Dónut, eliminando tanto su déficit como su exceso al mismo tiempo. Este movimiento requiere un cambio profundo en nuestras metáforas: desde lo bueno (hacia adelante y hacia arriba) hasta lo bueno (en el equilibrio). Y cambiar la imagen del progreso económico de un crecimiento interminable del PIB hacia un crecimiento en equilibrio en el Dónut. (pp. 45-46)

La figura 1 debe dibujarse y reproducirse una y otra vez. Insiste Raworth que parte de la razón por la cual se ha perdido de vista el panorama completo de estos retos planetarios reside en un uso inadecuado del lenguaje económico.

El entramado de ecuaciones y tablas de coeficientes estadísticos -los cuales responden, muchas veces, a desarrollos teóricos basados en supuestos problemáticos sobre la economía y la sociedad- oscurecen la conversación. El Dónut es un esquema que esclarece la foto, al tiempo que ayuda a derribar mitos fundacionales de la teoría económica, como que el crecimiento del PIB es la única ruta para generar bienestar en el planeta o que los mecanismos de mercado detrás de la curva de Kuznets llevarán, por sí mismos, a generar los incentivos necesarios para que el balance planetario coincida con el equilibrio del mercado.

De hecho, mucho se habla hoy de la llamada curva de Kuznets ambiental. Rasworth cita trabajos de economistas que usan datos de unos 40 países para estimar el punto óptimo (17 mil dólares per cápita de hoy) a partir del cual los países comenzarían su camino hacia la descontaminación del agua y del aire.

Otros trabajos que cita la misma autora cruzan los mismos datos con variables adicionales, y argumentan que los factores que mejor explican la adopción de medidas de sostenibilidad ambiental distan de ser netamente económicos (precios, oferta y demanda) y se acercan más a variables como la equidad en la distribución del ingreso, la educación y el respeto de los derechos civiles y políticos.

Estas ideas hacen resonancia de postulados sobre el pensamiento complejo del filósofo francés Edgar Morin, para quién «la organización vital no puede ser comprendida con la misma lógica que la organización de la máquina artificial» (Morin y Pakman, 1994, p. 30). Todo ello a pesar de que quienes diseñaron el lenguaje económico a finales del s.XIX lo hicieron, precisamente, inspirados por la mecánica newtoniana.

¿Y cuáles son las propuestas de Raworth? Sin entrar a resumir cada uno de sus siete principios, es posible afirmar que su eje rector consiste en cambiar las metas del modelo económico mundial -a propósito del reciente trabajo de Rodríguez (2017). Esto puede sonar ambiguo o idealista. Sin embargo, parte del escepticismo entre críticos a visiones como la economía del Dónut surge de una manera particular de interpretar la historia y de las leyes que gobiernan al sistema internacional. La más consolidada, quizás, es que el mercado tiene sus propias reglas, y que al obviarlas se le estaría dando la espalda a una fuerza que es natural, ineludible, y sin la cual sería imposible responder a los retos contemporáneos de la política pública.

Nada más contrario al mensaje de Mathew Watson (2005), quien hace una demostración lúcida de cómo la idea del mercado autoregulado hace parte de una narrativa con escaso sustento histórico, filosófico y empírico. De hecho, para un prestigioso economista de la Universidad de Cambridge la idea del “libre mercado” es un aforismo imperfecto, en tanto su propagación en el mundo «fue resultado de algo que normalmente no asociaríamos con la palabra ‘libre’; a saber, la fuerza» (Chang, 2015, p. 69).

Al generar conciencia colectiva sobre la debilidad de numerosos supuestos subyacentes a dichos esquemas de pensamiento, y sus conclusiones derivadas, cobran mayor fuerza alternativas para reorganizar el sistema económico.

En la segunda parte del libro Raworth se adentra, eso sí, en sugerir medidas que podrían contribuir a hacer la transición desde un modelo económico que no solo reduzca sus márgenes de depredación, sino que además impulse procesos regenerativos de los recursos del planeta. En lugar de simplemente hacer menos daño, sostiene, el rediseño de diferentes industrias puede contribuir a hacer más bien al reponer continuamente los recursos consumidos. El caso de la fábrica de Nestlé en Jalisco que extrae agua a partir del proceso de condensación del vapor de la leche de vaca, en lugar de utilizar los recursos hídricos de la región, es un ejemplo relevante para las actividades industriales. El tablero inteligente propuesto por el Oberlin College, en Ohio, que permite visualizar en tiempo real los flujos de recursos en diferentes puntos de una ciudad y, con ello, crear conciencia entre los ciudadanos de su pertenencia a un sistema común (u organismo), ilustra la manera en que se puede trabajar entre todos por un consumo de bienes y servicios más responsable.

En su conjunto, todas estas ideas pueden ser prematuras y sujetas a mayores refinamientos para poder escalarlas al plano nacional e internacional, pero tienen el indudable mérito de ofrecer una visión panorámica de la economía “fuera de la caja”.

El valor de la economía del Dónut se ve representado, por ende, no tanto en sus prescripciones de recetas mágicas para fomentar cambios necesarios, como en el diseño de un mapa visual de pensamiento global (una teoría general en términos keynesianos) que proporciona al público en general un lenguaje y una brújula que faciliten y puntualicen el diálogo social para concienciar y reconstruir (al menos en algunos aspectos) el sistema económico, político y social afectando al uso y distribución de los recursos. Sin duda, una reflexión muy necesaria y una aportación muy valiosa por parte de una gran economista que además es una excelente comunicadora.

«Humanity’s 21st century challenge is to meet the needs of all within the means of the planet. In other words, to ensure that no one falls short on life’s essentials (from food and housing to healthcare and political voice), while ensuring that collectively we do not overshoot our pressure on Earth’s life-supporting systems, on which we fundamentally depend – such as a stable climate, fertile soils, and a protective ozone layer. The Doughnut of social and planetary boundaries is a new framing of that challenge, and it acts as a compass for human progress this century. K.Raworth (2017)

Bibliografía:

Atlas de justicia ambiental(2017). Ranking de países.

https://ejatlas.org/country

Boyer, R. (2015). Crecimiento, empleo y equidad: el nuevo papel del Estado. En A. Barcenay A. Prado, Neoestructuralismo y corrientes heterodoxas en América Latina y el Caribe a inicios del siglo XXI (pp. 299-324). Santiago de Chile: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Cárdenas, J. C., Stranlund, J. & Willis, C. (2000). Local Environmental Control and Institutional Crowding-Out. World Development, 28(10), 1719-1733.

Chang, H. (2015). Economía para el 99% de la población. Bogotá: Penguin Random House.

Green, D. (2017). Review of Doughnut Economics: a new book you will need to know about. 24th. April.

https://blogs.worldbank.org/publicsphere/review-doughnut-economics-new-book-you-will-need-know-about

Kuznets, S. (1955). Growth and Income Inequality. The American Economic Review, 45(1), 1-28.

Monbiot, G. (2017). Finally, a breakthrough alternative to growth economics – the doughnut. The Guardian. Obtenido de The Guardian. 12nd april.

Morin, E. y Pakman, M. (1994). Introducción al pensamiento complejo. Barcelona: Gedisa.

Raworth, K. (2017). Doughnut Economics: Seven Ways to Think Like a 21st-century Economist. Vermonr: Chelsea Green Publishing.

Raworth, K. (2017). What on earth is the Doughnut Economics. Vermont: Chelsea Green Publishing.

Kateraworth/doughtnut

Rodríguez, C. (2017). Por un medio ambiente sano que promueva los derechos humanos en el sur global. Bogotá: Siglo XXI Edirores.

Watson, M. (2005). Foundations of International Political Economy. Nueva York: Palgrave.

Wolf, M. (2017). Summer books of 2017: Economics. Financial Times. Recuperado de Financial Times. 23rd june.

Isabel Giménez Zuriaga

Directora General

Fundación de Estudios Bursátiles y Financieros.

Publicado en: Boletin 311- Marzo

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