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Los Bonos Basura

En los últimos días una serie de noticias financieras han vuelto a sacar a la luz, a los polémicos “bonos basura”. Parece que se ha vuelto a poner de moda hablar de un tipo de activo financiero que siempre ha estado ahí y cuyo mercado en los años 90 fue mucho mayor que el de la década que los vio nacer (los años 80). Pero vayamos por partes, ¿qué entendemos por bonos basura?.
Un bono basura es un bono que ofrece un cupón muy alto para compensar su mayor probabilidad de impago. Entran dentro de la categoría de bonos de alto rendimiento y van destinados específicamente a inversores que quieran asumir un alto riesgo. Coloquialmente hablando, (puesto que su nombre oficial es el de bono de alto rendimiento) se podrían definir también como todo bono calificado en la categoría de «no inversión» por, al menos, una de las principales agencias de calificación de riesgos. Son bonos que tiene una clasificación de crédito baja y ofrece un alto rendimiento, combinado con un alto nivel de riesgo para el inversor. Son por tanto, una herramienta más en nuestro repertorio de instrumentos de inversiones y una de las más lucrativas en el mercado de bonos en los últimos años.
Con arreglo a esta definición es fácil darse cuenta de que este tipo de bonos son tan antiguos como las propias calificaciones de riesgo. Este término nació en Estados Unidos, en los años ochenta, cuando grupos de aventureros constituían compañías que se dedicaban a comprar empresas que enfrentaban dificultades financieras pero que poseían patrimonios que superaban ampliamente el endeudamiento. Para escalar a la dirección de esas empresas, los aventureros emitían los llamados bonos basura, que ofrecían rendimientos elevados para compensar sus altísimos riesgos. Mediante esta operación, tomaban el control de la empresa, que se endeudaba con la compañía de aventureros, quienes, aprovechando la desgravación impositiva por el endeudamiento de la empresa capturada, pagaban los intereses de los bonos basura en el primer año. A continuación, asumida la dirección de la empresa conquistada, vendían a precio vil su patrimonio, la quebraban y dejaban en la calle a miles de trabajadores. Eran operaciones ilegales, pero amparadas por la permisividad de la política económica de la administración gubernamental estadounidense, en aquel entonces.
En la época de la gran euforia de los bonos basura, aventureros como Dennis Lvine, Ivan Boesky y Michael Milken eran famosos por la creación de este tipo de bonos en los años ochenta, eran adorados y reverenciados como los nuevos héroes del capitalismo, llegando a ganar hasta más de 700 millones de dólares al año, cantidad que superaba el Producto Interno Bruto de muchos países. Sin embargo, cuando se hundió el mercado de los bonos basura, algunos de estos héroes terminaron en la cárcel por utilizar información privilegiada para enriquecerse.
Pese a la mala experiencia vivida en la década de los ochenta con los bonos basura, algunos analistas financieros consideran que la situación actual es diferente a la de esa época, cuando numerosas empresas que emitieron bonos basura quebraron y no pudieron hacer frente a sus obligaciones, haciendo que los inversionistas perdieran cantidades considerables de dinero.
Se piensa que en la actualidad, las empresas que emiten bonos de alto rendimiento, aunque son compañías de elevado riesgo, presentan muy bajas probabilidades de que puedan quebrar debido a que la vigilancia en los procedimientos contables ha mejorado con el tiempo, aunque aún presenta sus deficiencias.
Gran parte de las empresas de alto crecimiento que cotizan en el mercado norteamericano de valores tecnológicos, Nasdaq, emiten este tipo de bonos para financiarse y la mayoría de los fondos de inversión de alto riesgo adquieren este tipo de bonos para obtener atractivas rentabilidades para sus partícipes. Sin embargo, en lo que llevamos de año, los fondos de alto rendimiento o high yield presentan una rentabilidad poco atractiva al reducirse el diferencial entre la deuda estatal y la corporativa, incluso en el caso de la deuda especulativa. La solvencia de estos bonos crece, el riesgo que asume el inversor se evapora y por tanto las rentabilidades dejan de ser interesantes. Así, los bonos de alto rendimiento en euros muestran un comportamiento escasamente positivo (4%) en lo que llevamos de año mientras que los bonos de alto rendimiento en dólares, pintan negativo a estas alturas del ejercicio con una caída del 3,1%. El exceso de liquidez que provoca la entrada de dinero en los mercados, ha sido sin duda, el que ha traído consigo este comportamiento de los bonos de alto rendimiento que han alcanzado el nivel de solvencia más alto de la historia, puesto que el porcentaje de impagos, ha caído también a niveles históricos en el mes de agosto.
Los bonos basura serán buenos o malos según el ojo del inversor. Como su nombre oficial indica, se trata de bonos que prometen generar un alto rendimiento y que, por tanto, tienen un alto riesgo. Son, por tanto, un instrumento financiero más, aunque el nombre por el que se les conoce coloquialmente y los problemas que con la justicia han tenido, les hayan dado una connotación negativa que en absoluto se merecen. El inversionista adverso al riesgo no mirará este tipo de bonos, mientras que los inversionistas más arriesgados los tomarán en cuenta dentro de sus posibles estrategias de inversión.

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