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¿Por qué invertir en derivados?

Sin percibirlo, las opciones y futuros están más presentes de lo que la gente piensa en su operativa diaria, por ejemplo cuando una persona suscribe un seguro de coche o pacta un precio diferido en la compraventa de una vivienda. Sin embargo estos términos adquieren su máximo vigor cuando nos referimos a los mercados financieros.
Dado que la operativa con este tipo de contratos es muy habitual a la hora de gestionar carteras, éstos también están presentes en las inversiones de los fondos de inversión garantizados por lo que es muy importante conocer su definición, operativa y aspectos más relevantes. En primer lugar, los productos derivados son instrumentos financieros cuyo valor deriva de la evolución de los precios de otros activos denominados activos subyacentes. Estos pueden ser muy variados: acciones, valores de renta fija, divisas, tipos de interés, índices bursátiles, materias primas, incluso asociados a la inflación o los riesgos de crédito. Los aspectos principales giran en torno a la forma en que se deriva el precio y en la naturaleza de la transacción. En el Mercado de Contado, el intercambio del producto por su precio se realiza en el momento del acuerdo, sin embargo, un derivado es un pacto cuyos términos se fijan hoy pero la transacción se hace en una fecha futura.
Esta operativa no es nueva, surgió con la aparición del comercio, en los mercados holandeses del siglo XVII ya se negociaban contratos derivados cuyo activo eran los bulbos de los tulipanes, igualmente en Japón se desarrollaron los primeros mercados organizados en los que se concertaban operaciones con la entrega futura de arroz. Fue en Chicago cuando surgió el primer mercado de derivados en su formato moderno, en el que aún hoy en día se negocian contratos cuyos activos son el trigo y el maíz. Además es en este mercado donde se negoció el primer contrato que permite asegurar un tipo de cambio a fecha futura, surgiendo así el derivado financiero.
Los productos derivados sirven para trasladar el riesgo de unos agentes a otros que desean adquirirlo. Los productos derivados existentes, son:
– Negociados en mercados regulados: Futuros y opciones financieras (Mercado español de productos financieros derivados. M.E.F.F.) y warrants.
– Negociados en mercados secundarios O.T.C.: Contratos a plazo (forwards), FRAs, swaps, opciones, etc.)
– Productos estructurados negociados en mercados regulados: Certificados, turbowarrants, etc.
– Otros productos no negociables: de naturaleza mixta, contratos financieros atípicos (CFAs).
La utilidad de los derivados es que el comprador y el vendedor conocen con certeza la cantidad que se pagará y recibirá por el producto en la fecha acordada. Esta incertidumbre sobre cómo se moverá el precio del activo es el llamado Riesgo de Precios que todo inversor asume bien cuando posee un activo y una caída de su valor le produce pérdidas, o bien cuando en lugar de realizar una compra hoy espera un tiempo estimando que su precio descenderá y finalmente este evoluciona al alza, teniendo que abonar una cantidad mayor que si lo hubiéramos adquirido al principio. Los contratos derivados son el instrumento con el que es posible manejar este riesgo:
– Ayudando por un lado a reducirlo, con las operaciones de cobertura, en las cuales se posee el activo y se desea una protección frente a los movimientos adversos de los precios.
– También se puede utilizar como una inversión más, en la que el inversor apuesta por la dirección y amplitud del recorrido que va a tomar el precio de un activo durante un período de tiempo determinado.
Las modalidades más conocidas de productos derivados son los Futuros y Opciones. Un futuro, es un contrato negociado en un mercado organizado, por el que las partes acuerdan la compraventa de una cantidad concreta de un valor (activo subyacente) en una fecha futura predeterminada, a un precio convenido de antemano. Es decir, se trata de Contratos a Plazo cuyo objeto son instrumentos de naturaleza financiera (valores, índices, préstamos o depósitos…) o commodities (es decir, mercancías; pueden ser productos agrícolas, materias primas…). Las Opciones, por su parte, se definen como un contrato que conlleva el derecho a comprar o vender una determinada cuantía del activo subyacente, a un precio determinado (precio de ejercicio) y en el plazo estipulado. En las Opciones, es fundamental distinguir entre la situación del comprador y la del vendedor: el comprador tiene el derecho, pero no la obligación, de comprar o vender al vencimiento (según el tipo de opción), por el contrario, el vendedor (o emisor) de la opción está obligado a comprar o vender si el comprador decide ejercer su derecho. El precio de la opción es lo que el comprador paga por obtener ese derecho, y se denomina Prima. Llegada la fecha de vencimiento, al comprador le interesará o no ejercer su derecho en función de la diferencia entre el precio fijado para la operación (precio de ejercicio o «strike») y el precio que en ese momento tenga el subyacente en el mercado de contado.

Los productos derivados son sofisticados, y cuando no se utilizan con el propósito de cubrirse conllevan un riesgo de pérdida total de la inversión, de manera que invertir en ellos, requiere no sólo de conocimientos específicos tanto de su funcionamiento como de los sistemas de negociación. Para obtener más información sobre las características de estos productos, sus clases, operativa, aspectos a tener en cuenta a la hora de invertir, se puede consultar las guías publicadas por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (C.N.M.V.), visitando su página web: www.cmv.es.

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