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Por un Asesoramiento de Calidad

Mucho ha llovido desde que se traspuso en España la MiFID (Directiva Europea sobre Mercados de Instrumentos Financieros) en noviembre del 2007. Esta Directiva persigue dos objetivos: aumentar el nivel de competencia fomentando un mercado integrado y eficiente; e incrementar la protección de los inversores. Queda mucho camino por recorrer, está desarrollando Mifid II con el propósito de mejorar, evitar errores y ampliar aspectos que habían quedado algo difuminados en la directiva inicial. Las perspectivas son de aprobación en 2014 y entrada en vigor en 2016.

Esta Directiva supuso un cambio radical en la forma de trabajar y en el modelo de negocio de las Empresas que prestan Servicios de Inversión, sobre todo cambios en las normas de conducta y en la relación con inversores. Todo ello se implementa mediante una regulación más detallada y estricta sobre conflictos de interés, suministro de información, elaboración de informes de inversión, categorización de clientes en grupos dependiendo de su nivel de conocimiento y experiencia, así como la función de control interno y de riesgos de todos los agentes que participan en el Mercado.

En este marco, pieza fundamental ha sido la creación de las EAFI (Empresa de Asesoramiento Financiero Independiente) que han supuesto un gran avance la regulación del asesoramiento financiero, contemplado en su estricta definición, pero a pesar de ello sigue existiendo determinadas controversias, sobre todo a la hora de aplicar retrocesiones y mantener el apellido de independiente, pieza angular de la Directiva. No acaba de quedar claro, qué tipo de comisiones deben o no, percibir estas entidades. La propuesta está sobre la mesa a través de MiFID II, que intenta arrojar algo de luz en este punto, y establece que el asesor independiente “no aceptará ni recibirá honorarios, comisiones ni otros beneficios monetarios abonados o proporcionados por un tercero o por una persona que actúe por cuenta de un tercero en relación con la prestación del servicio a los clientes”. En definitiva, no es más que una profesionalización del asesoramiento financiero, reforzando la independencia en la toma de decisiones, generando transparencia y confianza.

El futuro pasa por un desarrollo de este asesoramiento independiente, pieza clave y objeto de debate en todos los foros financieros. La independencia supone un nivel de compromiso y calidad a la hora de prestar servicios de inversión y ofrecer una recomendación personalizada, adaptado al perfil inversor, perfectamente diferenciado de la comercialización masiva de productos.

Si una cosa nos ha enseñado esta crisis es que nunca hay que dar nada por supuesto, sobre todo en materia de riesgos. Volver a los orígenes de determinados productos y replantearnos las diferentes formas de actuar y asesorar, van a ser clave de éxito para el futuro. Una formación adecuada, como la ofrecida por el Programa de Asesoramiento Financiero impartido en la Fundación de Estudios Bursátiles y Financieros, saber escuchar y comprender qué es lo que realmente quieren los clientes en función de su perfil, fomentará un asesoramiento pro activo, multidisciplinar y personalizado, en definitiva de Calidad.

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