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Positivo con P de prudencia

La esperanza es lo último que se pierde. Algo parecido es lo que deben pensar muchos cuando abren el periódico, y a modo de titular con gran entusiasmo implícito, leen que el paro baja en España después de catorce meses consecutivos de subida. Naturalmente, ante una situación similar, el lector, como buen crítico que es, reflexiona sobre cómo ha de tomarse la noticia. Es decir, la noticia parece buena, y lo es, sobre todo la primera parte (El paro baja). Hay quien interpretará hasta la segunda parte como positiva, pero lo cierto es que el titular de lo que nos está informando, es que llevamos más de un año destruyendo empleo. Obviamente cada mes resulta más difícil empeorar la situación, y se han necesitado catorce meses para frenar la sangría del empleo, lo que nuevamente induce a la reflexión acerca de si han sido las medidas tomadas, o la falta de efectivos objeto de despido, el motivo del frenazo del paro.

De igual modo los medios nos informan de una ralentización de las contracciones del PIB en Estados Unidos, de una ligera recuperación de la confianza, tanto empresarial como de los consumidores, o incluso se ha llegado a hablar de la recuperación de las bolsas tras romper ciertas resistencias importantes. Todos estos son ejemplos de los llamados brotes verdes.

Los green shoots, brotes verdes o rayos de esperanza están ganado importancia en los últimos meses. Estos términos hacen referencia a indicadores de posibles indicios de una recuperación de la situación actual. En realidad lo que indican, es precisamente eso, una “posible” recuperación.

En unos casos son datos menos negativos que los anteriores y en otros son sencillamente resultados poco, o nada positivos que han mejorado a las expectativas. En ambos casos se pone de manifiesto la “sentimentalidad inteligente”, tal como describe José Antonio Marina al ser humano. Es decir, existe una tendencia humana a experimentar ciertos sentimientos, que más tarde se defenderán haciendo uso de la lógica y la razón, buscando argumentos lo suficientemente consistentes como para convencer hasta al propio emisor de dichos argumentos.

En este sentido, una contracción continuada del PIB sería una noticia negativa sin objeto a la duda, ahora bien, después de experimentar sucesivos recortes en la producción nacional, resulta, que uno adicional, pero inferior al del mes anterior, o menor a la previsión que se tenía acerca de la reducción que iba a sufrir el PIB, se convierte en un dato positivo. Es cierto que el PIB ya no cae con tanta fuerza, pero precaución porque sigue cayendo.

Igualmente sucede con la confianza, ese intangible excesivamente costoso de ganar y espectacularmente sencillo de perder. Hay que recordar que sólo hace unos meses los indicadores de confianza tocaban mínimos históricos, así que las mejoras al respecto parecían más necesarias que lógicas, lo cual puede alimentar interpretaciones sustancialmente positivas.

En lo que se refiere a las Bolsas hay quien cree fehacientemente en que los movimientos alcistas recientes son indicativo de la recuperación de los parqués, incluso hay quien considera que se ha distorsionado el carácter anticipado sobre la economía real, por parte de la Bolsa, de seis meses a un año.

La reflexión que se propone es la racionalidad de la razón y no la del sentimiento. Dicho de otro modo, el escenario actual sigue siendo el mismo, contracciones importantes del PIB a nivel global con tasas negativas en la mayoría de países desarrollados, altas tasas de paro, demanda agregada seriamente dañada y contraída, y niveles de confianza sustancialmente débiles. En este sentido, es cierto que las cifras mejoran, sobre todo en comparación a las expectativas que han sido revisadas a la baja, pero el escenario sigue siendo el mismo y la recuperación global está todavía por llegar.

Es cierto que todo parece indicar que lo peor de la crisis, o por lo menos el tramo de contracción severo, ha pasado. Pero no hay que olvidar la trascendencia y seriedad de la misma, y la parte de culpabilidad que merece reposar sobre la espalda de la euforia y la excesiva confianza. Por ello, hoy más que nunca, es preciso que los pies estén bien pegados a la tierra, y que las interpretaciones de los sucesos sean adecuadas y proporcionadas. Estos son requisitos para poder soldar unas bases consistentes sobre las que poder basar el crecimiento económico una vez superada definitivamente la crisis.

Es sabido que las crisis, preferiblemente, interesa que sean intensas pero breves, es decir, salir de ellas en forma de V ó U con la intención de minimizar el impacto social y evitar que se instauren malos hábitos para el crecimiento, como sucedió con el consumo interno tras la crisis nipona de los años noventa, la cual introdujo la deflación en Japón. Pero sea como sea la forma en la que salgamos, es necesario que se tome su tiempo por muy breve que pretendamos que sea, pues tan malo es adoptar nuevos hábitos nocivos, como no conseguir corregir los que nos llevaron a la situación actual.

En consecuencia los mencionados brotes verdes no son más que el reflejo racional del ansia por salir del bache. En este sentido, la prudencia es el mejor aliado al que nos podemos arrimar en estos tiempos tan complicados, pues efectivamente, que el paro baje es una excepcional noticia, pero no debe eclipsar la cruda realidad de que España ostenta la medalla a la mayor tasa de paro de la Unión Europea, que se sitúa actualmente en el 17%. Todavía queda mucho por hacer y es importante que sigamos centrando la atención donde se merece, pues no siempre querer es poder, por lo menos en términos de tiempo.

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