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¿Qué sabemos de los productos derivados?

En el último cuarto de siglo, en España, ha tenido lugar un espectacular desarrollo del sector financiero tras la liberalización o desregulación del mismo: nuevos productos y servicios a disposición del cliente, que puede optar por recurrir a fuentes tradicionales de financiación, con el sistema bancario a la cabeza, o a otras alternativas que ensanchan el mercado y que compiten con las anteriores. En este contexto, la aparición de los mercados de futuros y opciones constituye uno de los pilares fundamentales del nuevo desarrollo del mercado financiero español. De hecho, hoy en día, la mayor parte de las estrategias de gestión de carteras requieren el uso de productos derivados, lo que explica el tremendo auge de estos productos. En concreto, en Estados Unidos, en el mercado norteamericano de renta variable la contratación de opciones y futuros multiplica por cuatro la contratación de acciones.

Pero, ¿qué son los productos derivados?. Son productos financieros cuyo valor depende del comportamiento de otro activo denominado activo subyacente cuyo origen puede ser muy diverso (puede ser una acción, activos de renta fija, divisas, índices de mercados e, incluso, materias primas). A continuación, para poder entender mejor el significado de producto derivado explicaremos dos tipos de productos derivados: los futuros y las opciones.

El futuro no es más que una promesa, un compromiso entre dos partes por el cual en una fecha futura una de las partes se compromete a comprar un activo subyacente y la otra a vender un activo subyacente, aunque en el momento de cerrar el compromiso no se realiza ninguna transacción. Dicho de otra manera, a cambio de recibir la cantidad acordada en la fecha de vencimiento, el vendedor entregará el activo en esa fecha. La posición corta es la creada por la venta de un contrato a futuro mientras que la posición larga se adquiere por la compra de un contrato a futuro.

A diferencia de los futuros en las opciones se requiere el desembolso de una prima en el momento de cerrar la operación. La prima es el valor de la opción, es decir, el precio de un contrato de opción. Las opciones además podrán ser opciones de compra, call o de venta, put. Una opción de compra o call otorga el derecho al comprador, pero no la obligación de comprar el contrato a futuro al precio de ejercicio fijado con anterioridad en el contrato, en la fecha de vencimiento. Por su parte, una opción de venta o put otorga el derecho al comprador, pero no la obligación de vender el contrato a futuro al precio de ejercicio, durante la vigencia de la opción.

Una put está in the money cuando el precio de ejercicio acordado en el contrato de la opción es mayor que el precio del activo subyacente en ese momento. Para una call se está in the money cuando el precio de ejercicio es menor que el precio del activo subyacente. Una put está out of the money cuando el precio de ejercicio, establecido en el contrato, es menor que el precio del activo subyacente. Una call está out of the money cuando el precio de ejercicio es mayor que el precio del activo subyacente. En la posición at the money el precio de ejercicio de una call o de una put es igual al precio de mercado en un momento dado.

Las principales diferencias entre las opciones y futuros serían las siguientes:

– En los futuros no se paga nada en el momento de su contratación con la salvedad de tener que establecer una garantía.

– La contratación de una opción exige el pago de una prima, y en algunos casos el establecimiento de una garantía.

– Cuando realizamos un contrato de futuro nos encontramos con que contraemos una obligación o compromiso, siendo el riesgo adquirido al igual que las posibles ganancias o pérdidas importante.

Cuando realizamos un contrato de opciones, el comprador adquiere un derecho con una pérdida limitada al valor de la prima y unos beneficios ilimitados, mientras que en el caso del vendedor el beneficio es limitado al valor de la prima y las pérdidas ilimitadas.

Los derivados, en general, se utilizan mucho como instrumento de cobertura, o también de especulación. Por ejemplo, si compramos una acción a 50 euros y posteriormente preveemos que en seis meses su precio caiga a 25 euros, mediante un contrato de compra de una put a seis meses y el desembolso de la correspondiente prima que nos permita ejercer el derecho a la venta de esas acciones a 50 euros, eliminamos el riesgo de que su precio caiga. En este sentido, en los contratos de derivados siempre hay alguien que gana y alguien que pierde.

Patricia Uroz Sanz
Departamente de Formació/Proyectos
Fundación de Estudios Bursátiles y Financieros
puroz@febf.org

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