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Recesión o Depresión: No es lo mismo

¿Cual es la principal diferencia entre una recesión y una depresión? En the Economist lo tienen muy claro, en su edición del pasado 3 de enero nos mostraban como la palabra “Depresión” ha sido mucho más frecuente de lo habitual durante los pasados 60 años. La nomenclatura habitual habla de recesión ante tres trimestres consecutivos de crecimiento del PIB negativo. El NBER, por su parte, ha declarado oficialmente que el diagnóstico de una recesión requiere de la elaboración de un cuadro de indicadores macroeconómicos mucho más detallado. Sin embargo, a la hora de hablar de “depresión”, las incógnitas parecen mucho mayores. Así pues, ¿Cuan amplia tiene que ser la caída económica para que podamos incluir la inicial D?.

Una consulta rápida en internet nos muestra como aparecen dos grandes criterios a la hora de diferencias entre depresión y recesión: la caída del PIB real mayor al 10%, o que el parón se prolongue al menos durante tres años. La Gran Depresión de EE.UU aunó las dos características, con caídas del PIB cercanas al 30% entre 1929 y 1933. el output también calló un 13% durante 1937 y 1938. La Gran Depresión fue la mayor crisis económica (excluyendo las relacionadas con las guerras) pero con sus 43 meses de duración, en contra de lo que se suele creer, no fue la crisis más prolongada desde el punto de vista temporal, este puesto lo ocupa la crisis económica que tuvo lugar entre 1873 y 1879, que duró 65 meses.

La denominada “década pérdida” en Japón de los años 90 no fue una depresión de acuerdo con estos criterios, porque su punto más amplio entre la cumbre y el declive del PIB real tuvo fue solo de entre un 3 y un 4% en los dos años previos a marzo de 1999. desde la segunda guerra mundial, tan sólo una economía desarrollada ha sufrido una caída en el PIB mayor al 10%. La caída de Finlandia en los tres años previos a 1993 fue del 11%, principalmente gracias al colapso de la Unión Soviética, su principal socio comercial.

Las economías emergentes, sin embargo, tienen mucho menos riesgo de sufrir depresiones. Entre los 25 países emergentes cubiertos desde The Economist, solo se han dado 13 casos en los últimos 30 años de caída del PIB real mayor al 10%. Argentina y Polonia los sufrieron dos veces. Indonesia, Malasia y Tailandia todas sufrieron caídas del PIB superiores a dos dígitos durante la crisis de los mercados financieros asiáticos de 1997-98, y el PIB de Rusia se vió afectado por un shock del 45% entre 1990 y 1998.

Alemania y Japón, por ejemplo, tuvieron caídas del PIB superiores al 50% después de 1944. Las depresiones de Alemania y Francia en los años 30 fueron grandes, pero menor fue la de Reino Unido, con una modesta caída del 6%.

Antes de los años 30, todas las crisis económicas se solían denominar depresiones. El término recesión fue acuñado más tarde para evitar tan funestas rememoraciones. Incluso antes de la Gran Depresión, las caídas eran mucho más agudas y prolongadas que en la actualidad. Una razón de la suavización de las recesiones pueden ser los mayores programas de gasto público. Los gobiernos que deben lidiar con las recesiones, a diferencia de las empresas, no recortan gastos ni empleo, de manera que ayudan a estabilizar las economías, y los ingresos fiscales caen automáticamente, al tiempo que se elevan las prestaciones de desempleo, ayudando a las economías familiares afectadas. Otra razón pudiera ser que a finales del siglo XIX y a principios del siglo XX las empresas trabajaban bajo el patrón oro, y la oferta de dinero se restringía durante las crisis económicas, agudizando la caída. Las quiebras bancarias, a su vez, contribuyeron a poner las cosas más feas.

Pero un análisis reciente, realizado por Saul Eslake, economista jefe del ANZ Bank, concluye que la mayor diferencia existente entre una recesión y una depresión es más simple que la velocidad de la caída o la duración. La causa de la caída también es muy importante. Una recesión estándar suele ir seguida de un periodo de contracción monetaria, pero una depresión es el resultado del estallido de una burbuja de activos o de crédito, una contracción del crédito y una caída del índice general de precios. Durante la Gran Depresión la media de precios en EE.UU calló sobre un cuarto, y el PIB nominal terminó cayendo casi a la mitad. Las peores recesiones en EE.UU. antes de la segunda guerra mundial estuvieron todas ellas asociadas con pánicos financieros y crisis financieras: tanto ente 1893-94 como entre 1907-08 el PIB real cayo casi un 10%; entre 1919-21 la caída fue del 13%.

Las crisis económicas que siguieron al colapso de la Unión Soviética y las que tuvieron lugar durante la crisis asiática no fueron realmente depresiones a tenor de dicho autor, porque la inflación subió rápidamente. Por otro lado, la experiencia de Japón a finales de los años 90, con caídas del PIB nominal durante muchos años, podría calificarse como tal. Sin embargo, nos equivocaríamos si pensáramos que todas las Depresiones deben ser como la Gran Depresión de los años 30 en EE.UU. tanto las recesiones como las depresiones ofrecen una amplia gama, pudiendo ser suaves o severas.

Otra implicación importante de esta distinción entre recesiones y depresiones es que unas y otras requieren de diferentes políticas correctoras. Una recesión causada por una política monetaria dura puede ser curada con una reducción de los tipos de interés, pero las políticas fiscales tienden a ser menos efectivas debido a su prolongado periodo de maduración. En contraste, para una depresión causada por una brusca caída de precios, un credit crunch y una deflación, la política monetaria es mucho menos eficaz que la política fiscal.

En la situación actual, el PIB de EE.UU. ha caído a una tasa anualizada del 6% en el último trimestre de 2008, pero la mayoría de los expertos muestran su opinión de que el escenario es diferente al de los años 30 o al de Japón en los años 90, precisamente porque los políticos evitaran repetir los errores del pasado. Por aquel entonces, la Fed dejo quebrar muchos bancos, redujo la oferta monetaria, y el sector publico redujo el gasto y las inversiones públicas agudizando la crisis . Ahora, sin embargo, las políticas fiscales y monetarias están siendo aún más acomodaticias que las de Japón. De cualquier modo, estos mismos expertos no anticiparon la caída de los precios de la vivienda ni los efectos contraproducentes de la innovación financiera.

Las únicas certezas es que la burbuja de activos y crédito que ha explotado es la de mayor envergadura en toda la historia económica, mayor a la de Japón a finales de los años 80 o la de EE.UU. a finales de los años 20 y que cuando las recesiones se acompañan de caídas de los activos inmobiliarios, históricamente la salida del túnel ha sido más complicada, y su duración más prolongada . Los gobernantes no cometerán los mismos errores, pero pueden llegar a cometer otros, quién sabe si peores.

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