Share on facebook
Share on linkedin
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email

Transición de la Norma

Todas aquellas personas que están en contacto con la Calidad y con las certificaciones empresariales, conocen la existencia de la Transición de la Norma ISO. Hay empresas que ya han realizado el cambio, pero la gran mayoría se encuentran todavía en dicho proceso.

Como sabemos, actualmente, las empresas certificadas con la norma ISO 9000 del año 1994, deben adaptarse a la nueva norma del año 2000. Éste es un proceso de cambio y, por supuesto, de mejora, en el que se necesita del esfuerzo de todo el equipo humano de la empresa.

Ahora bien, únicamente deben hacer la transición aquellas empresas que se certificaron con alguna de las siguientes normas: ISO 9001, 9002 o 9003, ya que aquellas que se certifiquen a partir ahora, lo harán directamente con la Norma ISO 9000:2000, en la que contractualmente deben cumplirse los requisitos de la Norma ISO 9001. El plazo para hacer la transición finaliza en diciembre del año 2003, ya que en ese momento caducarán los contratos de la antigua norma; por tanto, es necesario ponerse a trabajar cuanto antes. Además, debemos tener en cuenta que antes de realizar la auditoría con el Organismo Certificador elegido por la empresa, se deberá realizar una auditoría interna completa del sistema, y la revisión de la dirección.

Los cambios a realizar son muchos y variados, comentándose aquí brevemente solo los más destacados por razones de espacio. El primer punto a revisar serán los ocho principios de gestión de la calidad aportados desde la nueva norma: «enfoque al cliente», «liderazgo, participación del personal», «enfoque basado en procesos», «enfoque de sistema para la gestión», «mejora continua», «enfoque basado en hechos para la toma de decisión» y «relaciones mutuamente beneficiosas con el proveedor».

De entre todos ellos, debemos hacer especial hincapié en la «mejora continua», basada en planificar, hacer, verificar y actuar (PHVA), y en «el enfoque basado en procesos», que consiste en que el resultado deseado se alcanzará más eficientemente cuando las actividades y los recursos relacionados se gestionen como un proceso.

Para realizar esta transición es muy recomendable contar con algún asesor externo, o bien, formar al personal de la empresa en ISO 9000: 2000,en cuyo caso es necesario mantener un contacto con el Organismo Certificador como apoyo. Tarea laboriosa, pero hay que tener en cuenta que el esfuerzo principal lo deberá hacer de forma más acusada la dirección de la empresa, para que el resto del equipo humano priorice y asuma la importancia que tiene la implantación óptima de un sistema de gestión de calidad.

Las normas ISO se suelen revisar cada cinco años, aunque el plazo real, es decir, hasta su publicación es algo superior por la complejidad del proceso. Así, desde su publicación inicial en 1987, se han publicado las versiones del 94 y 2000.

La familia de normas ISO 9000:2000 se divide en:

– La Norma ISO 9000, en la que se describen los fundamentos y la terminología para los sistemas de gestión de la calidad,
– La Norma ISO 9001, cuyo objetivo es la satisfacción del cliente, en ella se especifican los requisitos aplicables a toda organización que necesite demostrar su capacidad para proporcionar productos que cumplan con los requisitos de sus clientes, y los reglamentos que le sean de aplicación,
– La Norma ISO 9004, proporciona directrices tanto de eficacia como de eficiencia del sistema, y su objetivo es la mejora del desempeño de la organización y la satisfacción de los clientes y de otras partes interesadas,
– La Norma ISO 19011, proporciona orientación relativa a las auditorías del sistema de gestión de calidad y de gestión ambiental.

Todas ellas forman un conjunto coherente de normas de sistema de la calidad que facilitan su comprensión y aplicación.

Nos damos cuenta de que la transición a la Norma ISO 9000:2000 es un proceso que no se puede hacer, de forma precipitada, de la noche a la mañana, y debe estar planificado previamente, de forma dinámica, para que sea lo más eficaz y eficiente posible. Así pues, cuando nos planteamos implantar un sistema de gestión de este calibre, siempre estamos persiguiendo, al menos, la optimización simultanea de dos objetivos estratégicos: la satisfacción de nuestros clientes, fidelizándolos, y, a la vez, ser más competitivos en un mercado, cada día, más global.

Lucía Ballester Cañizares
Responsable de Calidad
Fundación de Estudios Bursátiles y Financieros
lballester@febf.org

Share on facebook
Share on linkedin
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email