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Valor Inmobiliario

Este ejercicio 2015 está siendo el año del asentamiento de la recuperación económica alcanzando unas previsiones de crecimiento del PIB cercanas al 3%. Como no podía ser de otra manera, dicho crecimiento tiene sus efectos sobre los principales sectores económicos  del país, y el sector inmobiliario, pese al gran ajuste sufrido, no podía ser una excepción.

Tras el desplome de la actividad inmobiliaria sufrida durante la crisis, el sector vivirá en el presente año el comienzo de una nueva era, estimulado por el entorno económico y por el incremento de los inversores internacionales. El crecimiento actual es estable y sostenible y no guarda ninguna relación con el desarrollo vivido en los años de la burbuja, alentado por la facilidad de crédito derivado de los bajos tipos de interés establecidos por el BCE, que terminaron por originar graves desequilibrios en la economía europea.

Un nuevo modelo de negocio basado en la creación de valor y en la demanda real, la llegada de nuevos protagonistas al mercado inmobiliario a través de nuevas formas de financiación, junto con una mayor especialización del producto, hace que nos encontremos con un sector completamente renovado y que poco se asemeja al de los años 2000-2007.

Actualmente, el mercado español presenta un gran atractivo para inversores tanto nacionales como internacionales, buscando estos últimos a través de fondos de inversión nuevas estrategias de valor, dado el tamaño del mercado y la escasez de productos “prime”. Pese a que España no es país “core” como consecuencia de la falta de estabilidad provocada por la poca seguridad jurídica junto con la gran cantidad de cambios jurídicos, el panorama actual ha dado un vuelco al sector gracias a que presentamos un binomio rentabilidad-riesgo atractivo en comparación con otros mercados europeos.

Los dos protagonistas tradicionales del mercado, compañías inmobiliarias y las no inmobiliarias han optado por diversas estrategias para sostener su actividad. Las no inmobiliarias han preferido liquidar la parte inmobiliaria de su cartera para centrarse en sus negocios principales, mientras que las entidades inmobiliarias tras sufrir diversos y complicados procesos de reestructuración y refinanciación, actualmente se encuentran con una deuda sostenible pero con poca liquidez.

La llegada de las Socimis al mercado inmobiliario ha ayudado a la dinamización del sector, como así lo refleja el hecho de que el 25% de las compras realizadas durante el 2014 las realizara este tipo de sociedad. Sus ventajas fiscales, como la obligación de repartir un porcentaje de sus beneficios procedentes de los alquileres  o de las transacciones, hace que su uso como vehículo de inversión gane adeptos entre ciertos perfiles de inversores.

La mejoría del sector inmobiliario supone una nota positiva para la economía de este país. Para ello necesitamos un modelo sostenible, basado en la creación de valor y asentado en la llegada de nuevo capital procedente de inversores extranjeros, que logre una diversificación de la financiación y cuya gestión profesional del mismo, pueda generar valor en los activos invertidos.

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